Redacción Iruya.com
Evidentemente Urtubey no es Obama ni el gobierno de Salta se parece al de los Estados Unidos de América. Las comparaciones, cuantitativas y cualitativas, no son en este caso odiosas sino que resultan imposibles, cuando no inútiles.
En tiempos de campaña electoral no siempre es fácil distinguir entre la información y la propaganda. A los partidos políticos -a las pequeñas sectas, valdría mejor decir- les está permitido mezclar una cosa con la otra. Pero no al gobierno, que si no tiene derecho a hacer campaña electoral, mucho menos derecho tiene a intoxicar la información pública con propaganda proselitista.
Hay determinados progresos que, por tardíos o inexplicables, terminan convirtiéndose en la denuncia de una situación escandalosa que vivíamos, tal vez sin que nos diéramos cuenta.
Los candidatos que competirán en las próximas elecciones primarias de Salta -casi 10 000- comienzan a darse cuenta de que la realidad es finita y que, si bien hay muchos problemas colectivos por resolver, todos estos problemas, aun sumados, no alcanzan para cubrir las necesidades proselitistas de todos ellos.
Entre los llorisqueos federalistas más recurrentes de los salteños se cuenta la histórica queja de que los políticos "nacionales" visitan poco o nada nuestra Provincia y dedican, en general, una escasa atención a nuestros problemas.
En nuestra Provincia suceden cosas increíbles que muchas veces dejamos pasar porque las consideramos parte de la normalidad reinante. Pero hay ciertas cosas, ciertas «convenciones» que no se deben dejar pasar.
La noticia de que un importante acto del ceremonial del Estado, como lo es la firma de un acuerdo con una región autónoma de un país extranjero, se ha realizado en la «residencia particular» del folklorista conocido como El Chaqueño Palavecino, no es algo que deba pasar desapercibido ni ser tomado en broma.
El cargo de concejal, otrora devaluado, se ha venido apreciando con el correr de los años y el aumento de las partidas presupuestarias que, de un tiempo a esta parte, permiten generosos gastos de personal en el seno de los concejos deliberantes municipales.
¿Para qué sirven los partidos políticos? ¿Cuál es su finalidad? Seguramente muchos salteños se han hecho estas preguntas en las últimas setenta y dos horas.
Nadie puede dar por hecho de que en Salvador Mazza se ha producido una grave crisis institucional sin, al mismo tiempo, considerar que el intendente Carlos Villalba es culpable, bien de un delito penal, bien de una falta moral inexcusable.
Uno termina acostumbrándose a las cosas buenas. Es lo malo que tiene lo bueno. Y cuando alguien se acostumbra a hacer algo bueno durante un largo periodo de tiempo -como votar por ejemplo- sucede lo de siempre: cada vez nos interesa menos.
Hay un magistrado en Salta que pretende acabar con nuestras mejores tradiciones y costumbres penitenciarias, y es un deber de todo preso bien nacido evitar que concrete sus aviesos propósitos.