A partir de 2014 los ministros del gobierno de Salta jurarán su cargo en la casa del Chaqueño Palavecino

La noticia de que un importante acto del ceremonial del Estado, como lo es la firma de un acuerdo con una región autónoma de un país extranjero, se ha realizado en la «residencia particular»  del folklorista conocido como El Chaqueño Palavecino, no es algo que deba pasar desapercibido ni ser tomado en broma.

El gobierno de Juan Manuel Urtubey no ha explicado por qué motivo un acto que debería haberse realizado en un lugar público y con unas mínimas formalidades, que incluyen luz y taquígrafos, se llevó finalmente a efecto en el domicilio particular de un ciudadano que (al menos en los papeles) nada tiene que ver con el gobierno, y en un lugar en donde -al parecer- se desarrollaba al mismo tiempo un jolgorio que incluía el consumo de bebidas alcohólicas, puros cubanos y hojas de coca.

Salvando las distancias (de tiempo, de lugar y de importancia de los personajes), es como si el Primer Ministro británico David Cameron, a la hora de firmar un acuerdo con el Presidente francés François Hollande sobre la navegación en el Canal de la Mancha, hubiese descartado hacerlo en el 10 de Downing Street para trasladar el acto de firma a la casa de Paul McCartney, mientras que éste, algo pasado de copas, como el resto de la concurrencia, entona "Let it Be".

Los acuerdos no solo son serios en función de las personas o instituciones que los firman y de los objetivos que persiguen sino también en función del lugar en donde se celebran. Y desde luego, la casa del señor Palavecino está muy bien para otras finalidades pero no para albergar actos del ceremonial del Estado.

Si esta particular visión de la «articulación público privada»  llegara a prosperar, no estará lejano el día en que los jueces de la Corte de Justicia celebren sus acuerdos y voten sus fallos en la casa de Los Nocheros o las sesiones de la Cámara de Diputados se realicen en la casa de Jorge Rojas, entre medio de los cohetes y serpentinas del carnaval.

Por las dudas ese momento llegue, el Chaqueño Palavecino ya está acondicionando su residencia para que el Gobernador, si así lo desea, pronuncie sus discursos de apertura del año legislativo en el quincho. Y para que, llegado el caso, tome el preceptivo juramento a sus Ministros y Secretarios de Estado junto a la parrilla, sin descuidarse, claro está, de que en ese momento el bar esté bien provisto.

En Salta nadie puede beber a la hora de concurrir a votar, pero al parecer los funcionarios del gobierno, con el Gobernador a la cabeza, pueden firmar acuerdos tranquilamente en medio de un despliegue de chalas de humita, bebidas alcohólicas, puros y hojas de coca, sin miedo a que se manchen los papeles, sin miedo a que la gente se pregunte qué hace un gobernador firmando papeles internacionales en la casa de un folklorista.

¡Achalay mi mama!