Hay un magistrado en Salta que pretende acabar con nuestras mejores tradiciones y costumbres penitenciarias, y es un deber de todo preso bien nacido evitar que concrete sus aviesos propósitos. Al señor Juez Federal de Orán, doctor Raúl Reynoso, se le ha ocurrido la descabellada idea de que los presos federales a su cargo sean alojados en celdas individuales y no amontonados en pestilentes establos como hasta ahora.
Contra semejante insulto al sentido común penitenciario, y en nombre de la población de presos, ha alzado la voz el señor Martín Martínez, funcionario que se gana el sustento trabajando como Secretario de Asuntos Penitenciarios y Políticas Criminales del gobierno de Urtubey.
El señor Martín Martínez ha salido al cruce de las pretensiones del juez Reynoso diciendo que es "inconcebible" que haya un solo preso por celda y ha calificado la idea de "irracional".
Para el señor Martínez, aficionado a las matemáticas y al método cartesiano, la racionalidad tiene un "piso" numérico en forma de ratio: 4 a 1.
Así pues, el bienestar y el confort de los reclusos depende de que cada celda hospede a cuatro individuos, porque esta concentración humana -en palabras de Martínez- "no les hará daño".
Parece que a la hora de formular políticas "criminales", al señor Martínez no hay quien le gane.
Cuidemos nuestras tradiciones
Si llegara a concretarse la aberrante idea de Reynoso de poner un solo preso por celda, ¿adónde irán a parar las leyendas de sodomías reglamentarias, de peleas en las duchas, de fugas colectivas, de jeringas compartidas, de visitas conyugales "festivas" y tantas otras que han proporcionado una identidad bien definida a nuestros mejores usos penitenciarios?Según el muy racional señor Martínez, lo que quiere Reynoso es reeditar en Salta las costumbres extranjerizantes de «los más lujosos penales de Estados Unidos» (sic).
Para Martínez -director gerente del Hilton de Villa Las Rosas- el hacinamiento carcelario, antes que una bofetada a los derechos humanos, es una forma insustituible de socialización que no puede ni debe reparar en las condiciones sanitarias o psicológicas que enfrenten los presos. El Secretario de Asuntos Penitenciarios quiere cárceles divertidas y alegres porque ¿qué sería un penal sin un buen motín o una buena quema de colchones?
¿Para qué queremos presos solitarios y taciturnos? Además -piensa Martínez- si podemos acabar con el pecaminoso onanismo penitenciario, mucho mejor. Dos son compañía, tres son multitud, y entre cuatro, si los organizamos bien, podemos atender todas sus necesidades íntimas.
Podrá tener o no razón el juez Reynoso con su política de liberación de presos, pero de lo que no caben dudas ahora es que el Secretario de Asuntos Penitenciarios del gobierno de Salta se ha revelado como un moderno Calígula que, si por él fuese, montaría un coliseo en el cerro de Ciudad de Navidad para que los presos de Salta, convertidos en gladiadores, se entreguen a un festín de sangre y muerte para su solaz personal.