En nuestra Provincia suceden cosas increíbles que muchas veces dejamos pasar porque las consideramos parte de la normalidad reinante. Pero hay ciertas cosas, ciertas «convenciones» que no se deben dejar pasar. El periódico digital Infobae se hizo eco ayer del incidente que presuntamente protagonizó el diputado provincial salteño Fabián Bruna, electo por el Departamento de Rosario de Lerma.
Según el periódico -que evidentemente ha publicado la noticia tal cual le fue enviada por alguien desde Salta- el diputado Bruna «se había comprometido a entregar una consola de juegos, como forma de redimirse por no haber preparado algún evento en especial durante el pasado Día del Niño».
Es posible -y no queremos ponerlo en duda- que el señor Bruna haya efectivamente obsequiado una consola usada (en cuyo caso solo se le podría calificar de «re-gifter» ); y hasta es posible que haya maltratado a una periodista, cosa que está muy mal, pero no por ser la maltratada una periodista sino por ser diputado el maltratador.
Ahora bien, el escándalo se ha centrado en estos dos aspectos pero ha ignorado lo principal: que el diputado ha recibido quejas y presiones -fundamentalmente mediáticas- ¡por no haber preparado un evento especial para el Día del Niño!.
Esto es lo auténticamente increíble y lo que todo el mundo ha pasado por alto.
¡Atención! El diputado Bruna no ha sido objeto de la repulsa popular por haber votado o dejado de votar una ley, por haber aumentado los impuestos, por haberse negado a acusar en juicio político a un magistrado, por no haber asistido a las sesiones, por no haber interpelado a un ministro cuando debió hacerlo, ni por negarse a dar quórum.
Es decir, que al diputado Bruna no se le acusa de incumplir con los deberes que le señalan la Constitución Provincial y el Reglamento de la Cámara de Diputados, sino por no haber preparado "un evento especial" con ocasión del Día del Niño.
Si nos ponemos a interpretar esta barbaridad, llegaremos a la conclusión de que a los periodistas y a los vecinos de Campo Quijano y de Rosario de Lerma les interesa más que su diputado se aplique a la organización de fiestas infantiles que al estudio, debate y sanción de las leyes de la Provincia, que es para lo que fue electo.
Un buen diputado es aquel que, con independencia de su buen desempeño legislativo, acierta a organizar, con puntualidad y despliegue de regalos, la fiesta del Día del Niño. ¡Hasta aquí se podía llegar!
Increíble y repugnante es que alguien piense que un diputado debe "redimirse" de algún modo por no repartir caramelos y conos de cartón en una fiesta infantil, organizando sorteos. Sólo se "redime" aquel que se libra de una obligación o la extingue, y está muy claro que el diputado Bruna (el malencarado «re-gifter» prepeador de periodistas) no tenía (ni tiene, ni tendrá, afortunadamente) obligación alguna de organizar jolgorios para el Día del Niño.
Así marcha la política en esta Provincia. Y no marchará mejor hasta que sucedan al menos dos cosas: 1) que los diputados y demás cargos públicos dejen de hacer demagogia barata y se dediquen a cumplir con las leyes; y 2) que los periodistas entiendan que a los demagogos no se les puede exigir que hagan más demagogia, aunque ésta a alguien beneficie.