
Hasta ahora, el argot delictivo de los bajos fondos venía reservando para la criminal acción de apuñalar a una persona una serie más bien limitada de sinónimos:
chucear,
pinchar,
marcar,
charquiar,
cortar,
tajear,
machetear,
achurar,
puntear, etc.
Sin embargo, un diario de Salta, especialista en filología del delito, se ha sacado de la chistera un nuevo y atractivo término:
eviscerar.
La crónica de un suceso ocurrido en Salta el pasado 23 de octubre, comienza diciendo que un joven de 16 años fue apuñalado por una mujer, pero a continuación agrega:
«el padre del joven eviscerado relató: Él estaba de paso hacia un negocio cercano cuando fue atacado por esta mujer, su hija y su yerno, quienes disputaban cuestiones de narcotráfico con un grupo de dealers que luego se dio a la fuga.»
Pero el joven
eviscerado por la mujer, curiosa pero muy felizmente, sigue con vida. Lo que no dice el diario es que después de haber sido eviscerado, alguien -cuya identidad no ha trascendido- volvió a colocarle las vísceras en su lugar, de forma tan exitosa que el eviscerado-reviscerado fue trasladado luego en código rojo hasta el Hospital San Bernardo.
No es ésta, desde luego, la primera vez que el diario en cuestión trata como animales (en este caso, como pollos o como sábalos) a los protagonistas de las páginas de policiales. Pero es llamativo el empleo de la palabra
eviscerado para referirse a un herido, sin dar cuenta de las circunstancias en que el agresor pudo extraer las vísceras de su víctima y, sobre todo, el modo en que las vísceras extraídas fueron colocadas nuevamente en su cavidad natural; esto es, sin que el hecho hubiera acabado con la vida del
eviscerado.
En este contexto, es extraño que los órganos vitales del herido no hayan sido referidos en la crónica como
achuras o
menudos, o englobados en el vulgar término de
triperío.
La
evisceración, de haber ocurrido en realidad, podría ser considerada por el juez como ensañamiento o crueldad excesiva. El empleo de esta palabra para referirse a una persona malherida por arma blanca, demuestra el profundo sentido humanista de los filólogos del delito, que ya en otras ocasiones manifestaron su preferencia por los
apuñalamientos láser, también conocidos como
mínimamente invasivos.
Tramontina, tus andanzas están tocando a su fin.