Luis Caro Figueroa
Desde que allá por 1951 nos dejara Homero Manzi, las querellas ya no son lo que supieron ser; ni en la poesía de los arrabales ni en el Derecho Procesal Penal, en donde el asunto es, si cabe, mucho más preocupante.
Muchas veces es imposible (y casi siempre inconveniente) reírse de los asuntos serios, solemnes o graves. Pero quién no ha sentido alguna vez la tentación de hacerlo cuando alguien utiliza las palabras equivocadas al momento de relatar una desgracia.
El vocabulario de los políticos es el equivalente psicológico de la TAC (la llamada Tomografía Axial Computarizada). La disección de los discursos, el análisis de las palabras, permiten ver con milimétrico detalle hasta el último rincón de la personalidad de los altos responsables públicos y distinguir entre ellos a los intelectuales profundos de los sanateros consuetudinarios.