La responsabilidad social de los medios de comunicación escritos no se agota en la transmisión de valores y en la construcción responsable de la opinión. También está relacionada -y cada vez más- con aquella teoría pedagógica que sitúa a los medios de comunicación dentro de los llamados «poderes educativos»; es decir, de aquellas organizaciones que ejercen una notable influencia educativa en el individuo. Pero así como los medios pueden ayudar de forma significativa a la educación de las personas -especialmente de las más jóvenes- también pueden provocar graves daños a la formación de los individuos. No solo con enfoques sesgados, superficiales, distorsionados o escandalosos de la realidad que estos medios transmiten, sino -muy especialmente- por medio del uso incorrecto del lenguaje.
El deber de los medios de emplear de forma correcta el idioma común con el que nos comunicamos no solo implica la obligación de llamar con precisión a objetos, personas, circunstancias o situaciones, sino también el elemental deber de cumplir con las reglas de la ortografía y la gramática, sin cuya observancia resulta imposible el cumplimiento de la primera obligación.
Es por esta razón que los errores clamorosos en la redacción de las noticias no deben quedarse en la anécdota ni en la pasajera condena a quien, a través de una construcción desafortunada, deja al descubierto su mala formación periodística, su deficiente cultura o su ligereza profesional.
Este tipo de errores deben hacernos reflexionar acerca del perjuicio social que provocan, especialmente en los lectores más jóvenes, que muchas veces -y muchas veces también con razón- tienen a los medios de comunicación escritos como punto de referencia del buen uso del lenguaje.
Nadie con un mínimo sentido de la responsabilidad social puede escribir y publicar en primera plana un titular como "Discutió con su mujer, degolla a su beba y luego se ahorcó".
No solamente por la combinación absolutamente infeliz de tiempos de verbo (presente y pretérito perfecto simple) para acciones que se desarrollan en una misma secuencia temporal, sino por la defectuosa conjugación del verbo degollar, cuya tercera persona singular del presente del indicativo es, como todo el mundo sabe, degüella y no «degolla».
En la comunicación de nuestros días, los valores de honestidad y credibilidad, exigidos cada vez con mayor energía por los ciudadanos consumidores de información, no se entienden sino ligados muy estrechamente al uso responsable, preciso y consistente de nuestro idioma.
Rectificar es de sabios
{jathumbnail off images="images/stories/sociedad/comunicacion/degolla_2.jpg,images/stories/demo/world/rs-2.jpg"} Poco después de la publicación de este artículo, el incorrecto titular en cuestión fue enmendado por alguna persona responsable. El titular reza ahora: "Discutió con su mujer, degolló a su beba y luego se ahorcó". Más correcto, sin dudas.A veces es mejor rectificar a tiempo, aunque sea despues de que alguien te señale los errores.
