
Aunque afectada por un traidor esguince que la privó de acompañar su elegante vestuario con los zapatos Louboutin que adora, la señora de Kirchner disfrutó su breve gira europea: en Roma, almorzó afablemente con el Papa y se retiró razonablemente convencida de que Francisco desea el mejor de los finales para su gobierno; en Francia fue muy bien recibida por François Hollande, el presidente, que carga con niveles de aprobación pública más deprimidos que los suyos y que le prometió acompañar amigablemente sus intenciones de arreglo con el Club de París. En la capital francesa se sintió como en casa cuando visitó la Feria del Libro dedicada este año a la Argentina: como si se tratara de una reunión de Carta Abierta en la Biblioteca Nacional, estuvo rodeada por decenas de escritores, funcionarios y aplaudidores oficialistas de mérito desparejo, todos trasladados con apoyo estatal. Los intelectuales cortesanos procuran, también, gozar el mejor de los finales.