Espejitos de colores para los accesos a El Tipal y La Almudena

Mucha gente se queja, y con razón, de que la seguridad en los accesos a las urbanizaciones El Tipal y La Almudena se haya convertido en una preocupación mayor, solo después de que en estos puntos se hubieran producido accidentes muy graves, con pérdida de vidas humanas.

Pero siempre es mejor que la autoridad se ocupe de estas cosas en algún momento a que las vaya postergando sine díe.

Por eso es destacable el trabajo que ha comenzado a hacer la Secretaría de Tránsito y Seguridad Vial de la Municipalidad de Salta, que no por ser tardío e insuficiente, como lo es, ha de ser rechazado sin más por las personas interesadas en que la seguridad de los desplazamientos en nuestra ciudad sea cada día mejor.

La información oficial dice que se están colocando «tachas reflectivas»  a 50 metros del acceso a estos barrios, y que, como refuerzo de la seguridad, se van a colocar delineadores, que no son otra cosa que las líneas pintadas sobre el asfalto para separar carriles y encauzar la circulación.

Todo esto seguramente vendrá muy bien, pero lo primero que hay que preguntarse con asombro es por qué estos elementos de seguridad tan básicos no existían antes. ¿Es que nadie pensó que eran necesarios?

Poco sentido tiene colocar estas «tachas reflectivas»  (que en otros sitios son conocidas como "captafaros retrorreflectantes") a solo 50 metros de los accesos. Hay que tener en cuenta que quienes circulan por la ruta 28 lo hacen generalmente a más de 80 kilómetros por hora, y que, por lo tanto, si alguien tiene la suerte de verlos en apenas 50 metros, será solo por unas milésimas de segundo.

En ninguna parte del mundo los captafaros colocados sobre el pavimento se utilizan como dispositivo para disminuir la velocidad. Esto es un error, ya que dispositivos como estos solo sirven para alertar, guiar o informar al usuario de la carretera. Los captafaros retrorreflectantes se utilizan en señalización horizontal simplemente como guía óptica, y casi siempre como complemento de las marcas viales.

Es decir, que no tiene ningún sentido colocar captafaros si las marcas viales, como dice la Municipalidad, se van a hacer más adelante.

De poco vale alertar a un conductor de que se enfrenta a un peligro cuando es sabido que hay gente que deliberadamente busca situaciones peligrosas. Lo que hay que hacer es eliminar el peligro.

Pero lo más llamativo de todo es que los trabajos que encara la Secretaría de Seguridad Vial incluyen la colocación de señales «alertando a los conductores que deben disminuir la velocidad». ¿Es que tampoco existían antes estas señales? ¿Es esta una buena solución, teniendo en cuenta el nivel de obediencia a las señales del conductor salteño?

La única forma de obligar a que los conductores disminuyan la velocidad es construir dos rotondas como Dios manda; es decir, grandes, amplias, bien señalizadas y bien iluminadas.

Hecho lo cual, habrá que enseñar pacientemente a quienes las utilicen cómo se debe circular en el interior de ellas.