Con bombos, platillos y algún que otro brindis, la Municipalidad de Salta celebró ayer la reciente adquisición de tres kits de alcoholímetros digitales marga Dräger. El kit está integrado por el alcoholímetro propiamente dicho, una impresora digital inalámbrica, boquillas desechables, cables, software, cargador, manual, garantías y un cupón de descuento en los más afamados kioscos de sandwichs de milanesa de la ciudad. El Secretario de Tránsito y Seguridad Vial de la Municipalidad, señor Carlos Caruso, encargado de recibir los tres kits, se ha apresurado a decir que se trata de aparatos «de última generación».
A través de un despacho de prensa, el funcionario también ha explicado en qué consiste un alcoholímetros para aquellos bebedores y no bebedores que aún no lo sepan.
Caruso ha dicho esto: un alcoholímetro es un aparato que sirve «para la medición indirecta de alcohol en sangre a través del aire expirado».
El comunicado dice también que los aparatos «son portátiles». Hubiera sido un poco incómodo comprar alcoholímetros fijos, debido a la dificultades que supone trasladar a los conductores ebrios a soplar a un lugar diferente al de donde han sido sorprendidos.
Siempre según el mismo despacho oficial, los aparatos pueden ser utilizados en modo activo o pasivo (máster o esclavo), dependiendo si se utilizan o no las boquillas. Cuentan con una impresora digital inalámbrica (no se aclara si estas son portátiles o no lo son), que permiten emitir un ticket con «la graduación alcohólica detectada en el infractor». Al parecer, la impresora no funciona para los no infractores, es decir, para aquellos que registran una tasa de alcohol en sangre en valores permitidos.
El kit comprende 750 boquillas desechables, que -según el parte- «serán usadas en los operativos de control que se realicen en puntos estratégicos de la ciudad». El comunicado oficial desmiente así -al menos implícitamente- que las boquillas adquiridas vayan a ser usadas para tomar mate en el canchón de Tránsito y que se planee hacer soplar el aparato a los conductores presuntamente ebrios a través del canuto vacío de una birome BIC.
Ya en un plano un poco más serio, el señor Caruso ha dicho que los estudios de siniestralidad realizados por técnicos especialistas revelan que controles de alcoholemia a través de este tipo de aparatos contribuye a reducir la tasa de siniestralidad vial y el número de víctimas fatales en la vía pública, ya que en la mayoría de los siniestros el alcohol es un factor decisivo y preponderante.
Ya sabe. Si ha tomado más de la cuenta, es mejor darle el volante a un conductor «sano», ya que de otro modo se arriesga a ser cazado por un alcoholímetro digital, portátil e inalámbrico de marca Dräger, y ser pasible de una multa «de última generación».