Los accidentes mortales en carretera se producen generalmente por dos causas bien determinadas: las colisiones frontales y las salidas de la vía. Los atropellos, los vuelcos y las colisiones de alcance registran, habitualmente, un número menor de casos mortales. La prevención de la siniestralidad vial en la Provincia de Salta está orientada, básicamente, al control de dos de los factores de riesgo más importantes: la velocidad excesiva y el consumo de alcohol al volante.
Sin embargo, si tenemos en cuenta en qué tipo de accidentes se produce la mayor cantidad de víctimas mortales, está muy claro que el esfuerzo por reducir el número de accidentes de circulación requiere algo más que rigor sancionatorio contra los conductores ebrios y los irresponsables.
Ese algo tiene un nombre: "mayor inversión en elementos de seguridad en nuestras rutas".
En Salta cuesta mucho dinero pavimentar caminos y luego mantenerlos. Pero así como se destinan muchos recursos a este tipo de trabajos, la inversión en seguridad es marginal, casi despreciable.
Nuestras autoridades miran ahora hacia el extranjero a la hora de buscar modelos de seguridad vial; y piensan que en Suecia o en España la cantidad de muertos en accidentes de tráfico es menor porque los borrachos suecos o los españoles conocen mejor las reglas de circulación que los argentinos. Grave error.
En realidad, un borracho al volante es un peligro público en cualquier país del mundo. Pero lo es mucho más allí donde las carreteras carecen de los más mínimos elementos de seguridad.
Por eso es que en Salta -donde la cantidad de muertes es escandalosa- urge dotar de mayor seguridad a nuestras rutas.
Si los problemas son las salidas de la vía (alrededor de un 40% de las muertes se produce por esta causa) y las colisiones fronto-laterales, ¿por qué no invertir en guard-rails?
Nuestras autoridades deberían pensar que proteger las carreteras con guard-rails (para evitar chocar contra un árbol o contra una farola o para no preciptarse por un desnivel) tiene un costo que generalmente es inferior al 1 por ciento del total de la infraestructura correspondiente.
¿Por qué no admitir que nuestra señalización de carreteras es deficitaria y tercermundista? ¿Por qué no nos damos cuenta de que seguimos colocando la iluminación de las vías de alta velocidad en la mediana, cuando hacerlo así representa un peligro mortal? ¿Por qué se desprecia la instalación de atenuadores de choque, de terminales de entrada y de salida, de elementos reflectantes sobre el pavimento y de dispositivos de protección en árboles?
Si hacemos el esfuerzo de mirar hacia el extranjero, miremos todo el panorama y no solo la parte que más conviene. Admitamos que nuestras rutas son peligrosas per se; es decir, por la forma en que han sido construidas, por la forma en que están señalizadas y por todo lo que falta por construir e instalar en ellas.
Perseguir y multar a los borrachos al volante está muy bien, pero hay planificadores de carreteras a los que se les debería retirar su matrícula profesional.