Hace un año atrás se conocía la triste noticia del hallazgo de los cuerpos de dos turistas francesas, asesinadas a tiros en la Quebrada de San Lorenzo. La noticia causó una profunda conmoción en Salta, pero su repercusión fue mucho más intensa en el país de origen de las infortunadas víctimas. A los detalles del asesinato se sumaron pronto los del calvario padecido por las dos jóvenes visitantes, violadas, humilladas y sometidas a tormentos.
La sociedad salteña se levantó aquella mañana con una noticia de las que hielan el alma. El crimen cometido en la tan tradicional y agradable Quebrada de San Lorenzo. Un idílico lugar que se convirtión en la tumba de dos jóvenes alegres, estudiosas, preocupadas por la sociedad, llenas de vida y con todas las ilusiones posibles.
Pero -a pesar del estupor- esa sociedad salteña que conoció la noticia no reaccionó como se esperaba. Ni nuestros jóvenes, ni nuestras feministas, ni nuestra comunidad universitaria. Salvo casos muy aislados, ninguna organización social de peso salió a decir nada sobre este suceso que avergonzó y avergüenza a todos.
A lo largo del pasado año, han sucedido en Salta diferentes hechos de violencia contra las mujeres. El último, el supuesto suicidio de dos adolescentes, que parece haber despertado las conciencias. Aquellas conciencias que no se movieron cuando las turistas francesas aparecieron muertas. No hubo velas, flores, ni marchas, ni misas para ellas.
Ojalá los salteños podamos rendir homenaje a Houria Moumni y a Cassandre Bouvier y llorar su muerte, mientras las autoridades se encargan de buscar al autor de este horrible hecho.