Por voluntad de la ministra Cansino, marzo es 'el mes de la mujer' en Salta

Como mujer, me ha llamado mucho la atención la decisión de una ministra del gobierno de Salta de instituir a marzo como el 'mes de la mujer'.

Es cuanto menos llamativo -por no decir, desagradable- que esta declaración, cuya utilidad práctica y oportunidad política habría que discutir largamente, haya sido presentada por el aparato de comunicación del gobierno como una emanación de la graciosa voluntad de la señora ministra y no como producto del consenso entre los diferentes protagonistas sociales (especialmente de las organizaciones que trabajan por los derechos de las mujeres) o como respuesta a una necesidad acuciante y, por tanto, impostergable.

Si realmente era necesario instituir un 'mes de la mujer', para mejorar la situación en la que vive el 50 por cien de la población, o para reivindicar su plena igualdad con los hombres, solo cabe pensar que temas tan delicados e importantes como estos no pueden ni deben ser rebajados al rango de una simple resolución ministerial, elaborada, además, en la soledad de una oficina.

Además de debate previo y de consenso, una declaración de semejante calado merecería ser recogida en una norma jurídica de rango superior (idealmente, una ley), y presentada en cualquier caso a la sociedad como una conquista colectiva de la participación ciudadana y no simplemente como una manifestación unilateral de la voluntad de una funcionaria.

Pero son los fundamentos de la resolución los que chocan contra el sentido común y recortan de manera peligrosa y arbitraria el terreno en que se despliega la lucha de las mujeres por sus derechos.

Dice la señora Cansino que la declaración del mes de la mujer se realiza (lo realiza ella) «en virtud a la historia y a los logros obtenidos por las mujeres salteñas». Y yo me pregunto -con el mayor respeto que me merece su investidura- ¿quién es la señora Cansino para juzgar la historia y valorar si los logros obtenidos por las mujeres salteñas a través de los siglos son dignos o no de un reconocimiento de esta naturaleza?

De sus palabras se infiere que el 'mes de la mujer'  ha sido instituido en Salta solo "por los logros obtenidos" por las mujeres salteñas o por su papel en la historia, lo cual no hace la más mínima justicia a todas aquellas mujeres salteñas, sufridas y anónimas, que no han obtenido ningún "logro", ni han protagonizado hechos históricos, pero que han padecido violencia, pobreza, marginación, desigualdad e ignorancia.

¿Por qué reivindicar solamente a las mujeres que han luchado, se han destacado y han obtenido logros, a sabiendas que ellas constituyen una parte muy mínima de nuestra sociedad y de nuestra historia? ¿Por qué la ministra ignora a los cientos de miles de mujeres sojuzgadas, postergadas, humilladas y anuladas que no han podido, porque no las han dejado, obtener aquellos "logros"?

Señora ministra: Su declaración excluye injustamente -entre muchísimos otros casos de mujeres que no han dejado esa huella tan excelsa en la historia que usted tanto aprecia- a las dos turistas francesas asesinadas en la Quebrada de San Lorenzo y a la niña violada a la que un juez y una asesora de incapaces (con la complicidad de la mitad del gobierno que usted integra) pretendían impedir el acceso a una práctica médica legal.

¿Cuáles son los motivos que impulsan a una ministra a reivindicar a las "salteñas", cual si fuésemos empanadas, o una especie única de mujeres, diferente al resto de las mujeres del mundo que luchan por sus derechos?

¿Por qué la ministra justifica la declaración del mes de la mujer solo en la igualdad y la eliminación de la violencia cuando, en todo el mundo, el imperativo de la hora es el de luchar por el respeto y la vigencia de todos los derechos humanos de la mujer, y especialmente por su empoderamiento en las relaciones sociales y por la eliminación de su pobreza?

Una declaración de esta naturaleza pretende esconder, en realidad, varias vergüenzas.

La primera, la absoluta falta de una memoria (2007-2013) elaborada por el gobierno provincial en la que se detalle minuciosamente las actuaciones que se han llevado a cabo desde la Administración en este periodo para mejorar la situación de las mujeres y en la que no se omitan los numerosos actos de machismo desembozado protagonizados por el propio Gobernador de la Provincia (que dijo, sin ruborizarse, que la violencia contra la mujer pertenecía al 'acervo cultural' de los salteños) y algunos de sus ministros.

La segunda, la absoluta falta de confianza en las herramientas de que dispone el Estado provincial para intervenir en defensa de los derechos de las mujeres, pues una 'agenda' de actividades (mayormente audiovisuales), de solo treinta días de duración, no puede nunca jamás reemplazar a una acción sostenida de gobierno en favor de la mujer, que debe llevarse a cabo, sin desmayos y sin gestos grandilocuentes, durante todos los días del año.