Ahora que Aunor va a dejar vacante la concesión de las garitas de peaje en el acceso Este de la ciudad de Salta, no sería mala idea bautizar al nuevo peaje con el nombre de Aliénor, el mismo que llevó orgullosa la Duquesa de Aquitania y Guyena, que fue, sucesivamente, reina consorte de Francia y de Inglaterra entre 1137 y 1189. El mismo nombre -bellísimo donde los haya- es también el de la hija menor de Jean-Michel Bouvier, que por estos días acompaña a sus padres en el doloroso trance del juicio que se celebra en Salta contra los presuntos responsables de la muerte de su hermana Cassandre, y que tiene a medio país entre sorprendido y conmovido por su serenidad, su firmeza y su sobria elegancia.
Aliénor nos ha dado a todos un susto ayer al sufrir un desmayo en plena sala de juicio. Felizmente se ha repuesto. El suyo, como el de sus padres, es un costoso peaje para alcanzar la verdad de unos hechos que tanto la maldad lugareña como la inveterada inoperancia del sistema público de persecución de los delitos en Salta han convertido en enmarañados, oscuros y difíciles de esclarecer.
El peaje de Aliénor consiste también es descodificar no solo el habla (el nivel técnico de las traducciones al francés se halla bajo mínimos) sino también los gestos del gauchaje y su idiosincrasia profunda, muy diferente a la de los parisinos, tanto los de murallas adentro como los del banlieue.
Sería muy deseable que, en vez de tratarla con la distancia que muchas veces ponemos con aquellos que provienen de otras culturas, esta jovencita recibiera en Salta todas las muestras de cariño, de admiración, de respeto y de condolencia que sean posibles, y que tengamos con ella y con su familia todas las atenciones que su especial situación merece.
Ni ella ni sus padres están entre nosotros como visitantes ocasionales, así que bueno sería que los que les dan hospedaje, comida y otros servicios absolutamente imprescindibles lo hagan desinteresadamente, porque los salteños -al menos la mayoría- no somos indiferentes al sufrimiento humano y situaciones tan dramáticas como la de esta chica nos conmueven profundamente.
Y si el Gobernador tiene un poquito de humanidad -algo que ya es más difícil- debería pensar seriamente en ponerle el nombre de Aliénor al futuro peaje del Portezuelo salteño.