Unas confusas pero, en cualquier caso, desafortunadas declaraciones del médico Hugo Sarmiento Villa, actual gerente del Hospital San Bernardo de la ciudad de Salta, han sido reproducidas hoy por una radio de la capital salteña. En ellas, el gerente del hospital de adultos más importante de la región noroeste del país dice o sugiere que una persona que sufre un accidente de motocicleta, cuando no muere, se convierte "en un gasto para el Estado" y en un factor desestructurador de la familia ("La madre tiene que salir a trabajar y los chicos quedan sin atención y se termina rompiendo hasta la familia").
De ser ciertas, estas afirmaciones son repugnantes, por cuanto dan a entender que uno de los máximos responsables de la salud pública de los salteños prefiere de algún modo que los accidentados terminen muriendo en los accidentes a que queden tetrapléjicos o inválidos en cualquier grado, ya que de ese modo el Estado se ahorraría un gasto y las familias un problema.
Más cuestionables son aún estas palabras, cuando el médico afirma que la prevención de los accidentes se debe realizar "con la docencia y con la penitencia" (sic).
El galeno no ha dado pistas en su declaración sobre el alcance de la palabra "penitencia" como factor de disminución del índice de accidentes viales con lesionados, pero es del caso suponer que ni el sacramento homónimo, ni la mortificación interior o exterior mediante ejercicios penosos, ni el dolor de haber pecado y el propósito de no pecar más (significados de la palabra "penitencia") conseguirían disminuir la tasa de accidentes o -en palabras del médico- aliviar las cargas el Estado.
El señor Sarmiento Villa tampoco ha aclarado si con "gastos del Estado" se refiere exclusivamente a la asistencia sanitaria que reciben los accidentados o si en ellos comprende también a las pensiones por invalidez, los gastos farmacéuticos, las prótesis, sillas de ruedas, etc.
En cualquier caso, sería muy bueno que el señor Sarmiento Villa supiera (porque al parecer no lo sabe) que el Estado salteño y el argentino se encuentran entre los que menos prestaciones económicas o en especie otorgan a las personas con discapacidad, por cualquier causa, en todo el mundo civilizado.
Un médico, funcionario público y responsable de uno de los hospitales de mayor complejidad, cuando renuncia al humanismo y al sentido común, cuando maltrata y culpabiliza a los discapacitados, es "un gasto para el Estado", no los lesionados en accidentes de tránsito que tienen la suerte de no haberse muerto en el suceso.