La Policía de Salta continúa con su proficua política institucional de penetración en los cerebros de la infancia salteña. A la reproducción viral de 'unidades' y 'cuerpos' de policía infantil se une ahora una novedosa iniciativa que consiste en que los niños del nivel inicial de las escuelas públicas de Salta conozcan la Policía por dentro. El epicentro de esta actividad es el Museo Policial que funciona en el viejo cuartel almenado de la calle Güemes 750. Según la Policía de Salta, allí se efectúan "visitas participativas" para las escuelas, a imagen y semejanza de las que para las mismas fechas los niños salteños realizan a la Catedral Basílica de Salta para honrar al Señor y la Virgen del Milagro.
Según la información oficial de la Policía, publicada en su página web bajo el sugerente título de "Pequeños Detectives", las visitas participativas al Museo Policial sirven para que los niños aprendan, a través del juego y la participación, «la historia, evolución y función de la Policía».
Se trata de una auténtica apuesta de futuro, a juzgar por la muy corta edad de los niños (ver foto) que acuden a interiorizarse de las glorias pasadas de nuestra Policía.
Antes de finalizar esta recorrida infantil por el rostro amable de la Policía, los niños participarán en un «taller plástico», que, a falta de mayores precisiones, parece ser un lugar en donde se fabrican pistolas y esposas de plástico, destinadas a los cinturones de los infantes e infantas que integran los cuerpos de la Policía Menuda.
A juzgar por el entusiasmo de las policías guía, los "Pequeños Detectives" saldrán del Museo con una preparación exquisita en la centenaria historia de la repartición. Lo que incluye, un repaso completo a las biografías de las báculas señeras de la institución: un amplio espectro histórico que va desde el Comisario Elías Boleas, azote de comunistas y anarquistas, hasta el cabo Frangollo, puntal de la banda de música de principios del siglo XX.
Algunos de los pequeños visitantes, en su candorosa inocencia, han lamentado que las instructoras no les hayan mostrado los instrumentos de tortura que sus antecesores utilizaron en la década de los 70 y el lugar donde -dicen- la poli se deshace de la carne de asado incautada de baúles y lugares poco apropiados para su transporte.