Hace unos pocos días, el Vicario General de la Archidiócesis de Salta, monseñor Dante Bernacki, cogió el látigo y, emulando al Redentor, espantó a una nube de fariseos activistas de Greenpeace que se habían atrevido a colgar una irreverente pancarta en la fachada de la Catedral. La reacción del obispo fue relacionada inmediatamente con la defensa de la sacralidad del templo, aunque alguno -de esos que no faltan- dejó entrever que en realidad Bernacki increpó a los ambientalistas más por su trato descomedido hacia el gobernador Urtubey que por el sacrilegio.
La versión alternativa de lo sucedido aquel día ha cobrado una inusitada fuerza hoy, con ocasión de la celebración de un gigantesco festival solidario organizado por Canal 13 y Unicef, en el mismo lugar en donde semanas atrás los ambientalistas montaron su protesta.
Bernacki no ha reaccionado en esta oportunidad, pero al parecer no porque no haya querido sino más bien porque no ha podido.
Los «merchandisers» que responden a las órdenes del Ministro de Cultura y Turismo, César Mariano Ovejero Afranllie, han colocado un gigantesco globo hinchable entre el escenario y una de las ventanas del Palacio Episcopal.
Tan bien inflado está el globo, que Bernacki permanece atrapado dentro de su oficina, casi inmóvil, impedido de salir al exterior con su látigo para dispersar a las fuerzas de Satanás.
Periodistas presentes en el acto aseguran que Ovejero está dando instrucciones permanentemente a su cuadrilla de infladores para que el globo presione cada vez más la ventana del Arzobispado, de modo que ningún cura aguafiestas pueda salir a la calle por ningún motivo.
Desde el interior de la Curia avisan que si Ovejero y Canal 13 siguen inflando el globo, Bernacki tomará prestado uno de los filosos rayos que adornan la entronizada imagen de la Virgen del Milagro y, cual moderno Arcángel San Miguel, pinchará el artilugio publicitario para restaurar la sacralidad conculcada.