La seguridad callejera en Salta: De los botones humanos a los botones antipánico

Imagen ilustrativaEntre la política de seguridad ciudadana del exministro Maxi Troyano y la de su sucesor, Eduardo Sylvester, hay apenas diferencias de matices.

Mientras el primero era partidario de poblar nuestras calles peatonales de "botones" humanos, encaramados en púlpitos de hojalata color azul, el segundo ha anunciado que desplegará 200 botones, pero electrónicos, en las calles de la ciudad.

El objetivo es el mismo: que una persona en apuros pueda recabar el auxilio inmediato de la policía.

En el caso de Troyano la solución parecía más razonable, ya que los botones humanos no necesitan ser oprimidos para obtener una respuesta. Basta con dar un par de alaridos para que el servidor público se ponga en marcha.

El botón electrónico de Sylvester tiene sus pro y sus contra. Es más pequeño, cobra menos sueldo y para alimentarse no requiere de suculentos platos de anchi o guaschalocro, sino apenas unos 3,5 voltios que les son proporcionados por una pila, curiosamente llamada "botón".

Pero por otro lado tiene la desventaja que, al ser oprimidos, los "botones" físicos (los llamados a actuar de verdad) se encuentran a varias cuadras de distancia y solo son activados en la medida en que una de las 2.000 cámaras de vídeovigilancia envíe al centro de monitorización la imagen con la escena delictiva correspondiente.

Es lógico suponer que así suceda, porque los bromistas están a la orden del día y -ya se sabe- cualquier ocurrente puede enviar falsas alarmas al centro de control y movilizar así costosos recursos públicos sin necesidad.

Mejor que tener botones antipánico es entrenar una brigada de canitas correteadores, con un registro inferior a los 15 segundos en los cien metros planos. Esta solución -que es la que propiciaba Troyano- haría temblar a los punguistas, arrebatadores y tocadores furtivos de partes íntimas.

Porque como dijo Urtubey, ya es hora que Salta tenga una seguridad propia de una "ciudad grande".