Paradojas de la 'sociedad decente' que conduce Urtubey

La pobreza en SaltaEs verdad que a un gobierno no se le puede responsabilizar de todos los crímenes y barbaridades que ocurren en el seno de una sociedad determinada. Pero no es menos cierto que, cuando algunas de estas barbaridades ocurren, los gobiernos están obligados no solamente a reaccionar con firmeza, como la sociedad espera que lo hagan, sino también a reflexionar tranquilamente sobre su responsabilidad y sobre su acierto a la hora de luchar contra determinadas patologías sociales.

Pocos gobiernos como el de Salta, sin embargo, hacen tantos y tan visibles esfuerzos por evitar despegarse de los crímenes más espantosos que tienen como trasfondo la pobreza, el desarraigo, la exclusión social, la crisis moral de las familias y la degradación de las costumbres sociales. Pocos han hecho tanto por ocultar, tapar, minimizar y negar las abrumadoras evidencias.

Es tan llamativo como indignante que después de seis años en el poder, el gobernador Urtubey y sus ministros sigan pregonando los altos niveles de decencia y de progreso social de la sociedad salteña, sin dedicar la más mínima atención a las alarmantes señales de descomposición social que se advierten en el horizonte.

Indigna a los salteños recordar las lágrimas de Urtubey y el tono lastimero de sus discursos cuando se refiere a "nuestros niños" y a su luminoso futuro en la comunidad organizada que él dirige por la gracia de Dios, y al mismo tiempo enterarse del asesinato y violación de una niña de 9 años mientras vendía bollos caseros por la calle montada en una bicicleta.

Da pavor ver las imágenes del lugar en donde vivían sus presuntos agresores y asesinos. Escalofríos produce también comprobar que por debajo y por detrás de las alharacas del Gobernador y de su confianza optimista en una Salta venturosa, próspera y decente, se oculta el monstruo de la pobreza.

¿Cuál es el nivel de decencia de la sociedad que conduce el gobernador Urtubey cuando las familias se ven obligadas a sacar a sus hijos pequeños a la calle a vender bollos para procurarse el sustento? ¿Es eficaz, y sobre todo sincera, la lucha contra el trabajo infantil que el gobierno de Urtubey dice estar llevando adelante?

La aterradora visión de la pobreza y de la desestructuración familiar y social lleva a preguntarse si en estos seis años el Gobernador de Salta no ha dedicado en realidad sus mejores esfuerzos en consolidar los privilegios y el poder de los más ricos, ahondando la brecha social, y si sus políticas -llamadas de "inclusión"- no son sino una formidable maquinaria de fabricar pobres en una sociedad cada vez más desigual, injusta y fracturada.

Durante todos estos años, Urtubey ha intentado convencer a los salteños de que las manifestaciones que provienen del lado siniestro de la pobreza (las violaciones, la trata, los asesinatos, etc.) son asuntos puntuales de los que se ocupa la Policía. Pero llegados a un punto, las condiciones para la reproducción de estas conductas alrededor de un patrón común son responsabilidad directa de su gobierno, de sus políticas o, para mejor decir, de los errores de uno y otras.

Es tiempo que el Gobernador se sincere y que admita que su ineficencia, su indiferencia y su apuesta por los paliativos sociales en forma de asistencialismo prebismarckiano están en la base de todos los crímenes y barbaridades que degradan a la sociedad salteña y la colocan a la altura de las más indecentes del mundo.