A poco menos de dos meses del inicio de su pontificado el Santo Padre ya tiene en su poder una camiseta de San Lorenzo de Almagro, otra del Barcelona (autografiada por Messi y todos sus compañeros), otra del Inter de Milán con el nombre de Zanetti en la espalda y otra de la Selección Española, que le entregó en mano el propio Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Entre Adidas y Nike le han ganado la partida al Ministro de Gobierno de Salta, Julio César Loutaif, y a su devoto Subsecretario de Relaciones con la Comunidad, Federico Hanne, impulsores de la entrega al Papa de un poncho salteño artesanal.
El hecho de que las factorías que las afamadas marcas deportivas poseen en Bangladesh trabajen a mayor velocidad que los telares de los artesanos de Seclantás tiene bastante enojados a los funcionarios salteños, que hubiesen preferido volar ya mismo a Roma y colocarle al Papa el poncho, antes de que el Pontífice reciba la camiseta del Catanzaro, uno de los clubes más humildes de la tercera división italiana.
La frustración textil -mezclada con la desilusión política- es lo que ha llevado a Loutaif y Hanne a realizarle un rendez-vous al Arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello. La visita tuvo por objeto simplemente anunciarle al prelado que el "poncho para Pancho" está en camino y que algún día, con suerte, llegará a manos de su destinatario.
El obispo recibió a los políticos en la recoleta quietud de su despacho eclesial, cuya decoración es la demostración palpable de que la Iglesia vive aires de profunda renovación, si no espiritual, al menos simbólica y tecnológica.
Según muestra la fotografía oficial del encuentro, monseñor Cargnello no solo está bien equipado con «laptop» y «smartphone» (se supone que whatsappea con Dios), sino que también está bien pertrechado.
Y no hablamos de la cruz que luce en el pecho sino de la descomunal abrochadora que tiene a la derecha de los útiles de escritorio, que tan pronto sirve para unir papeles con una grapa como para efectuar bendiciones express cuando fallan los aspersorios reglamentarios.
Fuentes cercanas al despacho de Cargnello han deslizado la posibilidad de que la enorme abrochadora arzobispal sea utilizada también en el confesionario del canónigo penitenciario cuando las llamadas a capítulo de algunos pecadores no surten efecto y se hace necesario sacudir sus conciencias con algo más contundente que los padresnuestros y los avemarías.