Democratización de la Justicia: ¿Para cuándo el perito filósofo?

PlatónLa irrupción en escena de la prueba pericial antropológica para detectar a falsos indígenas ha puesto sobre el tapete las habilidades de los jueces de Salta para percibir por sí mismos la realidad que los rodea.

Desde hace mucho tiempo se sabe que algunos jueces -porque no es el caso de todos- necesitan del auxilio de peritos en Derecho; es decir, de personas que no solo conozcan de leyes sino también que sean capaces de aplicarlas con cierto criterio a los casos concretos.

Pero con el devenir de los tiempos y la mayor complejidad social, la realidad se ha vuelto cada vez más áspera e inasible para aquellos magistrados que parecen vivir en un frasco.

La sabiduría pretoriana de otras décadas es sustituida ahora por los conocimientos técnicos de determinados profesionales, sin cuyo auxilio los jueces parecen incapaces de descodificar el mundo en el que viven junto a sus semejantes.

La aparición en los pasillos judiciales del perito antropólogo para dictaminar sobre la pertenencia o no de una persona a una etnia determinada, preanuncia -o, mejor dicho, reclama- la aparición del perito filósofo.

Llega un momento en que las controversias no pueden ser resueltas con arreglo a un dictamen contable, a un diagnóstico psicológico o a un ambiental de policía. Hay asuntos que, por su rareza, rozan principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, y ponen en entredicho el sentido del obrar humano.

A la vista de la creciente y quizá definitiva distancia entre la realidad y algunos jueces, se hace necesario que el Colegio Profesional de Filósofos y Profesiones Afines de Salta (si existiese) pusiera a disposición de la Justicia una lista de cultores de las disciplinas fundamentales del saber humano, para que puedan ilustrarles sobre temas tan peliagudos como la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, la belleza, la mente, el lenguaje humano o... la Justicia.

Ciertas conductas humanas abyectas, como los latrocinios de Estado o las agresiones sexuales, se han vuelto tan sofisticadas en Salta, que a los jueces no les queda otra salida que «desinsacular»  a un perito filósofo o intentar una vídeoconferencia con Dios, a ver si se aclaran un poco las cosas.