El eslogan turístico del gobierno es, ya de arranque, erotizante. ¿Alguien se ha dado cuenta de esto? A la vista de los últimos sucesos que nos hacen aparecer delante del mundo entero como unos anfitriones algo descontrolados sexualmente, convendría revisar eso de que Salta es tan linda que enamora. Teniendo en cuenta nuestras piadosas costumbres y el histórico recato de nuestra vida social (hablo en serio), no parece muy acertado promocionar a Salta como un paraíso de la sensualidad.
Porque hay quien pone los pies en nuestro terruño buscando experiencias corporales, pero hay también quien llega aquí confiado en poder experimentar un trance místico en los senderos de los cerros, en donde abunda el misticismo y escasean los desfibriladores.
Vamos a tener que ir desterrando dos conceptos ambiguos del lenguaje de nuestro turismo receptivo. En primer lugar, basta ya de decir que los salteños somos "hospitalarios", porque luego dirán que lo somos porque dejamos a los turistas maltrechos y los mandamos a los hospitales.
Tampoco hay que decir que los salteños somos "acogedores", porque hay más de uno que se toma el asunto al pie de la letra, excluyendo la "a".
Menos aún, decir que somos "receptivos" (la palabra tiene muchas letras en común con "preservativo").
El Ministro de Cultura y Turismo tendría que llamar a concurso (con un jurado presidido por él, lógicamente) para definir el nuevo eslogan que utilizará Salta para las "fuertes" promociones en ferias y exhibiciones mundiales.
Por ejemplo, "Salta, tan linda hasta en Las Moras", "Salta, más linda que una mora" o "Salta la linda, a cualquier hora". En fin, que puede dar para mucho el asunto.
¡A crear y no a procrear, salteños!