La imaginación de los burócratas del turismo provincial parece haber entrado en una fase de peligroso declive, que acompaña el lento pero inexorable aterrizaje a la realidad de aquellos que, sin motivo, echaron las campanas al vuelo antes de tiempo e intentaron convencer a los salteños (no sin antes convencerse a sí mismos) de que Salta estaba pisándole los talones, en materia turística, al mismísimo Machu Picchu. El paso -cada vez más sigiloso- del Rally Dakar por Salta será saludado por una bandada de artistas de la tierra, que por esas cosas de la globalización no solo cultivan el folklore vernáculo sino también el pop, el reggae y la cumbia, según anuncia orgulloso el gobierno provincial en un comunicado oficial.
Se trata, por cierto, del mismo gobierno defensor de lo nuestro que puso el grito en el cielo cuando una multinacional del fast food colgó un cartel en la virginal Plazoleta IV Siglos de Salta, para preservar «nuestras raíces».
A nadie escapa que el dichoso Dakar, aunque efímero, es una ventana al mundo que somete a una prueba de fuego a nuestro nunca bien demostrado carácter cosmopolita y a nuestra capacidad de alcanzar y cumplir los estándares turísticos por los que se rigen los espacios más atractivos del planeta.
Oportunidad o no, lo cierto es que las grandes mentes del turismo salteño han salido a la palestra con un festival de música variada a cargo de artistas «que caen bien al gobierno» y que, por aquello de las simpatías musicales, se llevan de las arcas públicas unas cantidades nada despreciables.
Tal festival no se realizará ni en un teatro, ni en un estadio, ni en un gran espacio natural abierto, sino en la playa de estacionamiento de un gigantesco hipermercado ubicado en las inmediaciones del lugar en donde los coches involucrados en la competencia deberán efectuar una parada forzosa.
Por si todo esto fuese poco, la encendida imaginación de los burócratas ha llegado al extremo de llevar al lugar (al del festival, no al del parque cerrado) «las típicas empanadas que podrán disfrutar los presentes». Algo, sin dudas, nunca visto.
Con semejante despliegue de creatividad, ya es prácticamente seguro no solamente de que el Dakar será un éxito en Salta sino también que los futuros visitantes de esta bendita tierra disfrutarán por muchas décadas más de música y empanadas «de Estado».
El turismo de Salta, señores, está salvado.