La pasión mística y religiosa del gobernador Urtubey se puede apreciar, incluso, en la peculiar estética de la decoración de las estancias gubernamentales, como lo demuestra esta fotografía, difundida ayer a los medios por la propia oficina de prensa del mandatario. En él se puede ver a Urtubey, con traje gris, virtualmente confundido con el tapizado de los sillones y de los almohadones, todos del mismo color. A primer golpe de vista, es imposible distinguir entre el Gobernador y el sofá, aunque los más perversos afirman que esta confusión se produce igualmente cuando el Gobernador no está sentado en el sillón.
Pero no se trata en este caso de un error del decorador o de un detalle que habla con elocuencia del mal gusto del dueño de casa, sino de una pequeña traición -quizá inconsciente- de aquella pasión religiosa de la que hablamos antes; porque el tapizado del sillón favorito de Urtubey es un calco de las baldosas italianas que decoran el piso de la Catedral de Salta. Sí, las mismas que, entre tanta belleza circundante, provocan mareos y amagos de vértigo a los feligreses que caminan sobre ellas casi hipnotizados, temerosos de estar metiendo la pata en algún agujero.
Tal vez, al sentarse en el sofá, el Gobernador no esté pensando en la coincidencia del color del tapizado con el de su traje, ni en el efecto 'moiré' -esa molesta interferencia óptica- que producen las rejillas de líneas y que afean sobremanera las fotografías y los planos televisivos.
Quizá el Gobernador piense que deslizarse por ese dibujo catedralicio lo acerca todos los días un poco más al Panteón de las Glorias del Norte, al que -en secreto- aspira convertir un día en su eterna morada.
Mientras tanto eso suceda (esto es, hasta que el Gobernador alcance el estatus de Gorila del Norte), su morada menos eterna es ese sillón gris descontextualizado, o como dice la popular, "más desubicado que chicharrón en pan de navidad".