Carpas de Salta: De Marcos Thames a Cristina Fernández de Kirchner

Marcos Thames - Cristina KirchnerEl gobierno de Salta ha celebrado ayer que nuestra Provincia se haya sumado con entusiasmo al "Carnaval Federal de la Alegría", un programa gubernamental que apunta a extender -de forma democrática, igualitaria e inclusiva- la felicidad de los ciudadanos argentinos, desde La Quiaca hasta el Canal de Beagle.

Pero lo más sorprendente de la información oficial es que los corsos y las carpas -las de Salta, se entiende- son organizados por la mismísima Presidencia de la Nación.

La señora Cristina de Kirchner no deja de sorprender al mundo. Mientras colegas suyas, como la canciller Angela Merkel se encuentran por estos días organizando otro tipo de corsos (sin ir más lejos, el corso griego, que tiene tintes de una tragedia de Sófocles), nuestra Presidente enseña al mundo que las cosas marchan tan maravillosamente bien en nuestro país que el gobierno hasta tiene tiempo y humor para organizar las carpas de carnaval; es decir, la diversión de las masas.

Cuando la historia juzgue el próspero periodo de gobierno de la señora Kirchner, sucederá como con Perón, durante cuya primera presidencia -se decía- las cárceles estaban vacías y los pasillos del Banco Central llenos. Cuando finalice su segundo mandato, nuestra Presidente habrá vaciado los surtidores, pero llenado a reventar las Carpas de Salta que inmortalizó el Payo Solá.

Antaño, el Estado -especialmente el Estado nacional- no intervenía de manera alguna en la organización de los corsos y de las carpas. Los primeros estaban confiados a una benemérita Comisión de Notables que generalmente presidía un acaudalado productor tabacalero de procedencia almeriense; los segundos eran responsabilidad de auténticos pioneros del folklore nativo como Marcos Thames o Carlos Abán, y de emprendedores sirios de tierra adentro como los señores Abud, Rafael Jorge o Lalo Musa.

Ninguno de ellos podría pensar hoy ni siquiera en toserle a la Presidente de la Nación y salir a disputarle el monopolio estatal del carnaval carpero.

Un solo detalle basta para comparar dos épocas: mientras hace cuatro décadas la seguridad de los bailes de carnaval dependía de los escasos recursos humanos (y balísticos) del comisario del pueblo, hoy, si ocurriera alguna refriega a pie de pista, a la Presidente-organizadora le basta con telefonear a la ministra Garré para que mande a todo un escuadrón de la Gendarmería Nacional a poner orden en el baile.

Hace años, cuando el dengue no amenazaba la sanidad de nuestras fronteras, el maestro Marcos Thames realizó un extraordinario esfuerzo de producción para traer a Salta al afamado cuarteto boliviano Los del Parapetí. Hoy, si faltase algún músico a la cita, la señora Kirchner puede ordenarle al vicepresidente Boudou que vaya a tocar con La Mancha de Rolando; y si alguno de los Parapetís -por el motivo que sea- se negara a volver a Salta, la Presidente puede enviar al canciller Timerman a Charagua, para que efectúe las gestiones diplomáticas y artísticas correspondientes.

Así no hay competencia posible. Y es bueno que no la haya, porque -para el gobierno- la de Abud, Thames, Abán o Musa, no era en realidad otra cosa que la versión excluyente y neoliberal de nuestro carnaval vallisto.

Ellas alegres...
airosas al bailar
ellos se hacen hilacha
de tanto zapatear