Salta, azotada por una grave epidemia de abusos sexuales a menores en el seno de la familia

El pasado mes de octubre de 2013, nuestro sitio web publicó un artículo titulado «La salud moral de Salta, a través de los ojos de la justicia provincial» en el que se enumeraba una serie de graves casos de abusos sexuales a menores de edad ocurridos en la Provincia de Salta, que habían llegado a conocimiento de la justicia y se habían saldado con la condena a prisión de sus autores.

Desde entonces, la cantidad de noticias de este tipo se ha multiplicado sin parar. Muy raro ha sido el día en que los puntuales despachos de la oficina de prensa del Poder Judicial de Salta no incluyeran una noticia de violación, abuso sexual o embarazo de niñas menores de edad a manos de sus padrastros, tíos, abuelos y hasta vecinos.

La situación no solamente no ha mejorado desde entonces sino que parece aumentar la indiferencia social y la de los poderes públicos frente a una patología social que pone de manifiesto la profunda degradación moral que padece nuestra sociedad y los peligros que se ciernen sobre la infancia salteña.

Las consideraciones efectuadas en aquel artículo cobran hoy, si cabe, una vigencia aún más plena. Especialmente aquellos párrafos dedicados a llamar la atención de los jueces y funcionarios del Estado, que incluso frente a la gravedad de la evidencia, continúan negándose a atacar el problema de una forma convincente.

En octubre de 2013 recordábamos que, en muchos casos similares a estos, los jueces suelen ordenar (o recomendar, según el humor del día) que el condenado sea sometido a tratamiento psicológico para superar su adicción al alcohol o a las drogas.

Pero a la vista de esta enorme cantidad de casos, muchos de ellos inusualmente graves, de su repetición y de sus características comunes, estas 'reglas de conducta' se antojan insuficientes para atacar la raíz de un fenómeno de tan extraordinaria magnitud. Nadie, al parecer, ha reparado en el hecho de que los casos de abuso sexual a menores que llegan a conocimiento de los jueces representan una parte muy minúscula de los que se producen en la realidad.

Todavía no se ha dado un solo caso de una sentencia en la que el juez exhorte al gobierno provincial y a sus agencias especializadas a tomar medidas para conjurar esta auténtica epidemia de abusos sexuales a menores cometidos en el seno de la familia. Tampoco la Corte de Justicia provincial, órgano máximo del Poder Judicial, que de tanto en tanto emite pomposas acordadas y opiniones varias sobre asuntos diversos, ha emitido una declaración institucional que se refiera específicamente a este tema.

Tal parece que este tipo de hechos son considerados "normales" por los jueces, que se limitan a juzgarlos, a sentenciar a los culpables y, de vez en cuando, a horrorizarse, sin que se pueda apreciar que tales actitudes conduzcan a una reacción social de prevención que supere los limitados esquemas del castigo penal.

En cualquier sociedad normal, el nivel de alarma frente a la repetición de este tipo de casos sería ya mayúsculo. En Salta, sin embargo, no lo es. Por tanto, constituye un deber de los poderes públicos estudiar por qué motivo los salteños carecemos de respuestas adecuadas para este tipo de problemas.

Desde luego, no es responsabilidad de los jueces formular políticas de prevención y de tutela de la infancia amenazadas por este tipo de comportamientos socialmente disgregadores y singularmente dañinos. Pero frente a otras patologías sociales, como la violencia contra la mujer, por ejemplo, los jueces han hecho avances notables y han logrado influir sobre los demás poderes públicos hasta conseguir crear un entramado de protección relativamente eficaz.

Desde luego que si la salud moral de la sociedad de Salta se midiera por los partes de prensa de la Corte de Justicia, no habría más remedio que concluir en que vivimos rodeados de degenerados y depravados de la peor calaña, y que salvo alguna que otra declaración judicial aislada de repugnancia y horror, la reacción de los poderes públicos provinciales frente a hechos tan graves es simplemente contemplativa y reveladora de una amplia tolerancia social frente a este tipo de conductas.