Los primeros recién nacidos del año en Salta, medidos en nanosegundos

El siguiente artículo fue publicado en nuestro sitio web el pasado 2 de enero de 2012. A pesar de que han transcurrido dos años desde aquella publicación, la vigencia de estas líneas permanece intacta. Queremos volver a compartir con nuestros lectores las reflexiones críticas acerca de la obsesión salteña por medir, con precisión milimétrica, la hora de nacimiento del primer bebé del año.

"Todos los años para estas fechas se entabla una competencia bastante estúpida entre las diferentes provincias argentinas para saber en qué territorio ha nacido el primer bebé del año que empieza.

Teniendo en cuenta nuestra demografía y la elevada tasa de natalidad que registran algunas regiones, casi siempre resulta que el primer bebé nace en los primeros segundos del nuevo año, lo que para los padres puede ser algo muy bueno -teniendo en cuenta que su retoño aparecerá en los diarios del día siguiente- pero no tanto para el niño o la niña recién nacidos.

¿Se imaginan las emociones de un neonato que asoma al mundo en el exacto momento en que una multitud de borrachos y de gente irresponsable hace tronar la ciudad con petardos, bengalas y balazos?

Es casi seguro que, ante semejante agresión acústica, ese niño nazca zumbado o zumbada, o quizá pensando que ha llegado al mundo justo cuando ha estallado la tercera guerra mundial.

Y si esto no ocurre, el incesante estallido de cohetes le hará pensar seriamente en la posibilidad de retornar al útero materno, en donde -salvo la natural flatulencia gestacional- el pequeño disfruta de un ambiente más pacífico.

La única gracia que quizá tenga el nacer a la hora de los pitos es que el niño tendrá una fiesta de cumpleaños asegurada de por vida, aunque en vez de soplar velitas, probablemente dedique toda su existencia a soplar mechas de cañitas voladoras.

Hora exacta, exactísima

En las salas de parto salteñas, además de la matrona, del obstetra, de la enfermera y del anestesista, ahora también hay cronometradores oficiales de la ACTC (Asociación de Corredores de Turismo de Carretera) con los pulgares tensos esperando a que el bebé lance al aire su primer berrido.

Sin la presencia de estos ágiles cronometradores sería imposible determinar, como lo ha hecho un diario salteño ayer, que un bebé nació a las 00.00.00 horas del día 1 de enero de 2012.

¿A qué viene tanta precisión? ¿Es necesaria? Y más que todo eso, ¿es técnicamente posible?

Porque si se tratara de un premio importante (supongamos unos cuantos millones de pesos), al equipo obstétrico debería sumarse un escribano público y un inspector de la AFIP; y todas las maternidades nacionales deberían tener sincronizados sus relojes con la hora atómica del Observatorio de Boulder, Colorado, USA, o con el Laboratorio de Aceleración de Partículas, de Ginebra, a fin de poder determinar con la debida exactitud quién ha nacido primero.

Mientras no se adopten estas elementales precauciones, es completamente inútil decir que fulanito o fulanita nació a las 00:00:00:00:00:00, porque un simple soplido del viento o una distracción casual pueden distorsionar la medición del tiempo.

Lo curioso es que esta obsesión por determinar el exactísimo momento del comienzo de una vida humana afecta mayormente a aquellos asesores casuales de embarazadas vacilantes que pululan por los pasillos de las maternidades locales celebrando el comienzo de la vida de las personas desde el momento de la concepción en el seno materno.

Convendría dejar a los niños tranquilos, no aterrorizarlos con tantos cohetes (no vaya a ser cosa que lo primero que hagan nada más asomar al mundo sea morder al partero, como hacen los pichichos asustados) y, sobre todo, dejarse de tanta tontería".