El buen observador: ¿Reunión de Gabinete o regreso al aula de sexto grado?



Reunión de GabineteEl Gobernador habla y sus disciplinados ministros toman nota en sus cuadernos, tal como si la maestra de sexto grado les hiciera practicar un dictado.

La Ministra de Derechos Humanos, María Silvia Pace, parece ser la niña más aplicada de todas, porque no solo apunta en su cuadernito sin apenas levantar la vista del pupitre, sino también porque tiene a mano (sobre la mesa, por las dudas) su coqueta cartucherita de estampado floreado, en donde no guarda plumas Mont Blanc, Parker, Waterman, Cross o Sheaffer, sino distintas variantes de biromes Bic, que utilizará según los temas que se traten en la reunión.

Escribe Pace, escribe Ovejero (con aires doctorales), escribe Loutaif (¿en caracteres latinos?), escribe Sylvester, escribe Heredia, escribe Simón Padrós... demasiados bolígrafos en movimiento para un Gabinete más bien ágrafo y plano.

Atienden los más jóvenes con respeto reverencial y ganas de aprender (Juan Pablo Rodríguez y Alejandro Cornejo D'Andrea), mientras que los más veteranos dan la impresión de estar esperando a que suene el timbre del recreo.

Es el caso del Presidente de la Cámara de Diputados, Santiago Godoy, a quien el protocolo le ha jugado una mala broma. Su posición en la "mesa" recuerda mucho al incidente del personaje de Peter Sellers en "La Fiesta Inolvidable".

No se sabe muy bien si a Godoy le dieron ese lugar (una triste mesita de fax) para que atienda el teléfono o para coordinar el desfile de mozos con las botellas de soda. Pero lo que está fuera de duda es que su colocación en el escenario no condice muy bien con su alta dignidad institucional.

Tampoco es muy lucida la participación del senador Mashur Lapad, quien sobre el final del clip parece estar coqueando con ganas o al menos practicando una especie de bicicleta fija para sus mandíbulas, por si acaso al finalizar la reunión reparten bolsitas de coca.

Algunos se ve que se han ido a poncho. Sin ir más lejos, Zottos, que no tiene ni papeles ni celulares ni computadoras cerca suyo. Todo lo lleva en la cabeza, debajo de esas canas mediterráneas tan atractivas. El ministro Parodi, con unos papeles enrrollados y otros mal doblados sobre su mesa, transmite una imperdonable imagen de dejadez personal. A ver si alguien le regala un portafolios para que en las próximas reuniones no lleve los papeles importantes enrrollados en el bolsillo de su pantalón.

El único que toma nota con su netbook es el Fiscal de Estado, Ramiro Simón Padrós Cornejo, aunque parece estar aporreando el teclado con un solo dedo. Con semejante destreza digital, es lógico pensar que los supremos intereses del Estado provincial se jueguen en los últimos minutos de los plazos procesales, ya que a esa velocidad debe llevar un cierto tiempo preparar los recursos de apelación contra las sentencias que condenan a la Provincia.

Se salvan, y por los pelos, el ministro Fortuny (cada vez con menos volumen capilar en la azotea), el muy serio Ernesto Samsón (quien ya está aconsejando a Fortuny sobre la irreversibilidad de su calvicie), el propio Gobernador (que se ha dignado en llevar corbata, como corresponde) y su hermano Facundo, a quien la cámara no le ha dedicado un plano muy generoso que digamos.

Buenos niños, aunque habría que preguntarse por qué no asistió también a la reunión de Gabinete el Arzobispo de Salta. ¿Será que ya no había lugar?