En Salta, la estafa es considerada 'un sentimiento'

Aunque resulte difícil de creer, en la Policía de Salta funciona una División de Inteligencia Criminal y Análisis Estadístico. La denominación de esta división policial es sorprendente, ya que las tareas de inteligencia criminal y las de análisis estadístico tienen, en principio, bastante poco que ver entre sí.

Al parecer, los espías del crimen y los analistas estadísticos no se fijan mucho en las etiquetas y trabajan muy bien en Salta. Entre ambos han conseguido atrapar a una banda de malvivientes que se dedicaba a estafar a la gente vendiéndole falsas pólizas de entierro.

Según el parte oficial de la Policía, los investigadores iniciaron las pesquisas después de que un hombre denunciara ante la autoridad "sentirse estafado" por una empresa de sepelios que había contratado.

El denunciante venía pagando regularmente las cuotas del servicio, pero cuando necesitó hacer uso del mismo para enterrar a su compañera, se dio con la desagradable novedad de que la empresa que debía prestar tal servicio no existía.

Curioso es, por tanto, que el damnificado no dijera a la Policía que había sido estafado sino que dijera que "se sentía estafado", lo cual ciertamente no es lo mismo, ya que el Código Penal castiga las estafas para tutelar la propiedad pero no los sentimientos de las personas.

Es más o menos como si un ciudadano que presencia un homicidio violento en la casa de al lado acude a la autoridad para denunciar "sentirse como si hubieran asesinado a su vecino".

O como el chiste del santiagueño que pidió permiso a su jefe para faltar al trabajo porque "deseaba asistir al entierro de su suegra".

Según pudo establecer la División de Inteligencia Criminal, después de un intenso análisis estadístico, tres personas (dos hombres y una mujer) se dedicaban a captar afiliados a quienes les ofrecían «diversos planes de ataúdes con variación de precios». Mal podría la estafa prosperar con un solo modelo de cajón y un precio fijo.

Después de que los incautos mordían el anzuelo sucedía algo muy curioso. Dice el parte policial que los estafadores «se encargaban de realizar el cobro a domicilio de manera mensual y en algunos casos en vehículos particulares» (sic).

Es decir, que lo que pudo haber despertado las sospechas de los sabuesos de la inteligencia criminal era que los estafadores no utilizaban el coche oficial de la empresa para realizar los cobros mensuales, sino que a veces iban a cobrar en vehículos particulares.

En los allanamientos practicados en sendas viviendas ubicadas en Villa Primavera (a la vuelta de la casa de Chocobar) y barrio Vicente Solá, se secuestraron planillas de rendiciones, fichas de afiliación y cobro, formularios de alta, talonarios de recibos, solicitudes de incorporación y de inhumación (incorporación a la tierra), folletería, certificados de ataúd (una especie de 'tarjeta verde' para féretros), documentaciones con membretes de empresas de sepelios, computadoras, CPU y módem.

Al parecer, a los estafadores solo le faltaban los ataúdes, porque todo lo demás lo tenían, y de sobra.

Lo que la Policía no dice -pero surge claramente de la fotografía adjunta- es que también se secuestró un bote de crema de aloe vera, un par de pendientes de bisutería barata, un enchufe de tres patas y una botella de agua mineral vacía.

La Policía analiza minuciosamente todos estos elementos, sobre todo el módem, sin el cual probablemente sería muy difícil establecer fehacientemente los reales alcances de este delito.

Finalmente, dice el parte policial que, por orden del juez, los presuntos estafadores detenidos fueron identificados en forma simple.

Quiere esto decir que, llegados a la Alcaidía, el sumariante de turno preguntó a cada uno: "A ver ché, cómo te llamás vos", procediendo a apuntar la respuesta del encartado en el correspondiente libro de novedades.