El pensamiento y el culo
El pensamiento y el culo

Los intelectuales y el culo

El pensamiento y el culoPor alguna razón que solo los altos expertos en marketing web entienden, la mejor forma de atraer lectores y clics hacia la sección de opinión de un diario digital cualquiera es colocar, junto a la firma y la imagen de los opinadores de turno, un soberbio trasero femenino, expuesto en su mayor esplendor.

No se trata aquí de plantear una objeción de corte moral a este tipo de trucos, ya que muchas veces es menos impúdico y soez el sobredicho trasero que los juicios y valoraciones que esas prestigiosas firmas vierten a escasos píxeles de la nalga izquierda de esos magníficos ejemplares de hembra.

Se trata de interrogarse sobre los sentimientos del opinador, del columnista, al comprobar que es un culo y no su propia cara (o la inspiración que le ha puesto al título de su obra) la que sirve de reclamo para atraer clics hacia sus artículos.

Vamos a dejar de lado también el hecho de que algunos de estos columnistas son feos de solemnidad y que su gesto avinagrado provoca a veces que los lectores duden seriamente acerca del lugar en donde se encuentra el verdadero culo.

Tampoco es la idea la de que los columnistas de opinión formen una especie de sindicato de autoconvocados y que golpeen la puerta del director del diario para pedirle, en nombre de la seriedad periodística, una prudente reubicación de los culos. Pero sería interesante que alguno de ellos expresara de algún modo su molestia o su enfado por el hecho de que su trabajo intelectual se vea mezclado, por razones de marketing (de un marketing morboso y oportunista), con elementos visuales fronterizos con la pornografía.

De continuar esta tendencia a mezclar lo humano (las opiniones) con lo divino (los culos), no quedará más remedio que pensar que de lo que se trata aquí es de exaltar las más bajas pasiones humanas a cualquier precio; ya sea mediante la publicación de una imagen degradante de la mujer semidesnuda, ya sea mediante la publicación de la opinión de unos señores que quizá no han podido evitar hacer de la bajeza su mejor oficio.