Chicho Mazzone, en tercera persona

Accidente cinematográficoUna de las normas no escritas de la profesión del periodista prohibe regodearse del infortunio ajeno de cualquier forma posible. Lo mismo da que se trate de una complacencia abierta y desembozada, que de una falta de estilo consistente en emplear los nombres y los adjetivos inadecuados para relatar la desgracia de un tercero.

Algo de esto le ha ocurrido al Intendente de la localidad salteña de El Bordo, señor Juan Rosario Mazzone, quien días pasados sufrió un grave accidente de circulación que cierta prensa liviana ha calificado con el liviano adjetivo de «cinematográfico».

Según parece, Mazzone no sufrió un accidente «de fantasía», como podría llegar a sugerir el adjetivo empleado en el relato, sino un accidente real y bastante aparatoso, que puso en serio riesgo su vida.

Lo «cinematográfico» no solo se aplica (metafóricamente) a lo espectacular, sino también al mundo de la ilusión, del glamour, de lo fantástico, de lo irreal, de la aventura, etc. Y nada de esto -excepto quizá de espectacular- ha tenido el accidente sufrido por don Chicho Mazzone.

En primera persona

La crónica periodística señala que a pesar de lo cinematográfico del asunto, Mazzone puede hoy contar su casi-tragedia «en primera persona».

Esto quiere decir que, si por esas cosas del destino, Chicho se hubiera dejado la vida en el asfalto, teniendo en cuenta las características del suceso, para contarlo haría falta recurrir a los buenos oficios de Clint Eastwood o de Kathryn Bigelow y no a los de un cronista de policiales.

Pero lo mejor del caso, sin dudas, es que Mazzone puede contarlo por sí mismo; es decir, sin recurrir a la ayuda de grandes directores de cine.

Contarlo por sí mismo no quiere decir, sin más, que el Intendente-superviviente deba contarlo «en primera persona», como dice la prensa, ya que perfectamente puede hacerlo en tercera persona (por ejemplo, Chicho se salvó de pedo).

Hay mucha gente que se refiere a sí mismo en tercera persona y cuenta de este modo los sucesos de su vida. No hay razón para pensar que Chicho Mazzone sea la excepción.

Desde el momento en que el señor Mazzone tiene la posibilidad (y el derecho) de utilizar la tercera persona mayestática para contar cómo salió con vida de aquella trampa mortal, no hay por qué negárselo.

Por tanto, desde el punto de vista estrictamente periodístico, lo importante (lo milagroso, si así se prefiere) es que Chicho Mazzone pueda contar por sí mismo lo sucedido, con independencia de que lo haga en primera o en tercera persona.