Trasplantes: Cuando el patrullero de tránsito es más importante que el cirujano

A juzgar por el tono que emplean ciertas comunicaciones oficiales del gobierno provincial y de la Municipalidad de Salta, el acto de la donación de órganos despierta un inusitado orgullo en los salteños. Pero no por razones de solidaridad o por el nivel científico de los médicos, sino por la eficacia de los «dispositivos»  de tránsito.

Es comprensible que el transporte de los órganos donados para su trasplante sea contemplado como una fase crítica en el proceso, pero de ahí a exaltar el acierto de los patrulleros, la colaboración de los automovilistas o la estratégica disposición de los agentes de tránsito, desentendiéndose en todo momento de los aspectos humanitarios o científicos del procedimiento y del resultado final de la operación de trasplante, hay una diferencia importante.

Frente a un gesto conmovedor, como lo es la donación de órganos de una persona fallecida para su implantación en una persona que lucha por salvar su vida, y frente a un esfuerzo de la ciencia médica por superar barreras y vencer obstáculos culturales, los patrulleros, las sirenas y los megáfonos, que tanto orgullo despiertan en los salteños, deben pasar, obligatoriamente, a un discreto segundo plano.

Desde luego, no cabe sino felicitar a los agentes de Tránsito que han permitido que el transporte de los órganos donados se realice con rapidez y seguridad. La eficacia del dispositivo demuestra que saben hacer su trabajo y el solo reconocimiento colectivo de su buen hacer debe servirles de justa recompensa.

Quienes posiblemente no lo sepan hacer tan bien, son los responsables de prensa de algunas oficinas públicas, que magnifican ciertas actuaciones para lograr colar en los partes oficiales el nombre del funcionario de turno a fin de que los ciudadanos crean o entiendan que es el funcionario que ordena el tránsito y no el donante y sus familiares o los médicos que realizan el trasplante el verdadero protagonista y el héroe de la historia.