La 'inconducta partidaria' según Zottos y el Partido Renovador de Salta

Resulta absurdo y contradictorio juzgar a personas individuales por algo que se llame 'inconducta partidaria'. Hay varias razones para considerar este juicio como una aberración, jurídica y lingüística.

La primera de estas razones es que la palabra 'inconducta' no forma parte de nuestro idioma; es decir, que se trata de un invento (ya que ni siquiera es un neologismo) cuyo significado habría que establecer con certeza antes de juzgar y condenar a nadie por esta causa.

Tampoco es una palabra bien construida, ya que si bien el prefijo in-  indica negación, privación o carencia, el sustantivo conducta  tiene al menos dos significados. Uno más general: la «manera con que los hombres se comportan en su vida y acciones», y otro más psicológico: «el conjunto de las acciones con que un ser vivo responde a una situación».

Por tanto, nadie -a menos que deje de existir como hombre o como ser vivo- incurre en una falta o carencia de «'conducta'». Todos tenemos una, en todo momento y en todo lugar, incluidos los partidos políticos, cuyos integrantes generalmente tienen una muy mala.

Pero aunque se pudiera, hablar de inconducta partidaria es imposible, porque el adjetivo partidario no significa, como todo el mundo cree, aquello que pertenece o es relativo a un partido político.

Según el Diccionario -libro que conviene consultar de vez en cuando- 'partidario' es un adjetivo que significa «que sigue un partido o bando, o entra en él»  y que puede ser usado también como sustantivo.

Por tanto, si lógicamente no es posible observar una conducta 'partidaria' (porque solo las personas siguen a los partidos, no las conductas), tampoco es posible incurrir en 'inconducta partidaria'.

Lo que el Partido Renovador de Salta, y otros de su misma especie, llaman 'inconducta partidaria' : no son otra cosa que actos de indisciplina o de deslealtad al partido que pueden cometer sus afiliados. Así de simple.

La 'conducta' del PRS

Dicho lo anterior, corresponde analizar ahora si un partido -veleidoso, inconstante y mudable- como el PRS tiene legitimidad política para sancionar a cuatro afiliados suyos por el grave pecado de «hacer una alianza con otro sector político».

En principio hay que tener en cuenta que hacer alianzas con otros partidos no es malo de suyo; es algo que forma parte de las reglas del juego.

Pero hay que tener en cuenta también que no es lo mismo «hacer una alianza»  a que un afiliado decida por las suyas integrar las listas de otro partido. Son situaciones distintas.

Por supuesto que un afiliado que se marcha a otro partido para ser candidato de éste, y que tiene pensado competir con los candidatos del partido al que se encuentra afiliado, comete un acto de deslealtad. Pero claro, depende a qué partido se vaya.

Si los señores Fiore, Loutaif, Villalba y Lara Gros se hubiesen ido al Partido Obrero, por ejemplo, sería comprensible que el PRS pensara en sancionarlos.

Pero no si se han pasado al Partido Justicialista de Salta, por cuanto éste y el PRS mantienen -todavía- una alianza bastante sólida, que primero fue electoral y luego de gobierno, pero que no se ha roto, al menos formalmente.

Si el presidente del Partido Renovador, a pesar de sus aparentes discrepancias con el gobierno de sus aliados justicialistas, sigue siendo Vicegobernador de Salta y no ha renunciado a su cargo, porque -según él- ha sido designado "por el pueblo", ninguna sanción le puede caber a Cristina Fiore, a Carlos Villalba y a Marcelo Lara Gros, que también han sido elegidos por el voto popular.

También habría que examinar con cuidado si el PRS o su directiva tiene derecho a sentirse traicionada por afiliados que no siguen las órdenes de su Comité Central, cuando éste, durante décadas, ha venido traicionando con regularidad a sus afiliados, al tejer, una tras otra, alianzas con radicales, menemistas, aliancistas, duhaldistas, kirchneristas y macristas.

Finalmente, es imposible no reparar en la diferente vara de medir del PRS, que ha elegido a cuatro díscolos para sancionar cuando, por la misma regla de tres, debería haber enviado al comité de disciplina también al senador Juan Agustín Pérez Alsina (que durante seis años votó junto a Romero); a la ministra María Inés Diez, que sigue integrando el gobierno y aplaudiendo las conquistas inclusivas que Zottos se empeña ahora en negar; a Fabián Vittar, que sigue atornillado a su asiento en la Corte de Justicia y favoreciendo con sus votos al gobierno; a Federico Hanne, discreto admirador de Loutaif, que aprovechó el tropiezo de Rocha Alfaro para escalar posiciones.

Villalba

Mucho más curiosa es la 'inconducta' del exintendente de Salvador Mazza, señor Carlos Villalba, a quien el PRS ha abierto un expediente por integrar las listas del Partido Justicialista pero no por haber sido detenido semidesnudo en el interior de un prostíbulo en el que presuntamente se explotaba a víctimas de la trata.

Después del incidente, el PRS no movió un solo dedo para despojar a Villalba de su ficha de afiliado, pero lo hace ahora porque el hombre se pasó a otro partido.

De lo que se desprende que para el PRS es más grave ser candidato por otro partido en contra de la voluntad de Zottos que ser detenido en un prostíbulo y ser sospechoso de complicidad con las redes que trafican con seres humanos.

Esto sí que es 'conducta partidaria' y de la buena.