El Diccionario de la Lengua Española dice que "partido" es un conjunto o agregado de personas que siguen y defienden una misma opinión o causa (5.ª acepción, 22.ª edición). Esta definición es universalmente aplicable a los partidos políticos de todo el mundo, con la honrosa excepción del Partido Justicialista de Salta, cuyos dirigentes, simpatizantes y militantes nunca han seguido la misma opinión ni defendido idéntica causa.
Desde hace por lo menos cuatro décadas que el PJ salteño no tiene una opinión unificada y oficial sobre los principales problemas de la vida pública provincial.
Durante el mismo periodo el PJ no ha defendido «causas» en sentido estricto sino más bien los intereses del caudillo de turno. Ni siquiera estos intereses han sido ampliamente compartidos por ese "conjunto o agregado de personas" que constituye su variopinta base humana.
El Partido Justicialista de Salta, que acostumbra a presentarse ante la opinión pública y el electorado como una fuerza política "democrática", siempre ha rechazado la etiqueta de «partido» (a la que considera una decadente categoría de la democracia liberal) y ha preferido refugiarse en la idea de «movimiento», que tiene la ventaja de ser todo y nada al mismo tiempo; izquierda y derecha, blanco y negro, día y noche, salud y enfermedad.
Tanto se "mueve" el Partido Justicialista de Salta, que pocas horas antes de que expire el plazo legal de inscripción de listas de candidatos para las próximas elecciones primarias, ha presentado una variedad de listas y una cantidad de candidatos tan extraordinaria que amenaza con enloquecer al más riguroso de los sistemas informáticos, y con despistar, no ya al elector común, sino al analista mejor intencionado.
El PJ de Salta es por estas horas un caótico mosaico de listas oficiales, semioficiales, paraoficiales y filooficiales; de candidatos compartidos por varias listas y repartidos entre ellas; de candidaturas cruzadas, mixtas, combinadas, articuladas y yuxtapuestas; de candidatos bendecidos, infrabendecidos, súperbendecidos y megabendecidos; de listas colectoras, disyuntoras y distribuidoras.
La endiablada conexión entre listas y candidatos hará que la tarea de componer a dedo la boleta electrónica en la pantalla de los terminales de votación sea tan complicada y riesgosa que cada elector salteño necesitará de una intensa capacitación, pero no en la Plaza 9 de Julio sino en Silicon Valley.
Las mil familias, que en realidad nuclean a no más de medio millar de dirigentes con "aspiraciones", han encontrado en el novedoso formato electoral el espacio ideal para desplegar sus instintos reproductivos más básicos.
Todos buscan y encuentran un lugar bajo el sol, sin que importe que las mil ideas y propuestas diferentes, las mil caras distintas, los mil lemas contradictorios y las mil consignas extravagantes, al final terminen desorientando al ciudadano que ha de votar y haciendo estallar al partido.
Las familias se esmeran en presentar nanocandidaturas, a sabiendas de que el 90 por ciento de ellas no sacará ni para el boleto de ómnibus. Lo hacen así porque saben que la atomización de la oferta opera como la garantía más eficaz para la perpetuación de la hegemonía electoral.
Y si al final, por esta maldita imposición de la democracia interna, el partido se ve forzado a presentar solo unos cuantos candidatos a las elecciones reales, siempre queda el recurso de presentar más candidatos a través de partidos satélites, partidos aliados, partidos semialiados, subaliados o incluso enemigos históricos. Todos ellos están dispuestos a ir por fuera, por arriba, por abajo o por donde sea. Todo vale en Salta.
Seis horas antes del vencimiento del plazo para oficializar las listas, el Partido Justicialista de Salta es un hormiguero pateao. Seis horas después será simplemente un avispero mal organizado.
Pero un día antes de las generales, la unidad emergerá triunfante y resplandecerá la luz de la coherencia. Todos volverán a ser hermanos, tal vez como nunca lo fueron antes. La unidad durará, pues, lo que dura un escrutinio provisorio. Al día siguiente, todo volverá a la normalidad.