Ignacio Jarsún Lamónaca, joven diputado peronista que representa al Departamento de Rosario de Lerma, inscribirá con toda seguridad su nombre en el 'hall of shame' de toda la historia del parlamentarismo argentino en el mismo momento en que presente en la mesa de entradas de la Cámara de Diputados de Salta el proyecto de ley de su autoría, que prevé que las personas que vayan a someterse a una operación quirúrgica bajo anestesia general sean acompañadas en el quirófano por «un familiar», para prevenir que el enfermo sea sometido a abusos sexuales por parte de médicos y enfermeros. Las corporaciones que agrupan a los médicos y a los enfermeros de Salta -presuntos agresores sexuales, según el proyecto de Jarsún- aún no han hecho conocer su opinión sobre una iniciativa que, en primera lectura, aparece como una afrenta directa a la dignidad de estas profesiones.
Según el señor Jarsún, el motivo de su extravagante regulación legal es que se han dado casos de violaciones en pacientes «en estado de anestesia».
Para el diputado peronista, las personas en tal «estado» se encuentran indefensas frente a un enfermero o un médico que «no siempre actúa como debiera». Presume, en consecuencia, el legislador que los médicos que manejan el bisturí o los que trepanan cerebros se pasan el juramento hipocrático por el arco de triunfo y que, antes de proceder a practicar la incisión o a extirpar tejido malo, se divierten con los pacientes como si fuesen juguetes de su propiedad.
De ser cierta, la afirmación del señor Jarsún es gravísima, no solo por sus connotaciones sexuales sino especialmente por la alarmante ligereza con que un legislador provincial aborda un tema ético de la profesión médica, sujeta como cualesquiera otras, a rígidas normas deontológicas.
La mujer, objeto de grave discriminación
Sin dudas lo más repugnante de la postura del diputado es su definición del universo de 'personas especialmente vulnerables' a los apetitos sexuales desviados de médicos y enfermeros.Dice Jarsún que la protección legal comprende a «niños, mujeres y discapacitados» que sean intervenidos quirúrgicamente, dejando afuera a los hombres (cuya integridad sexual parece no merecer ninguna protección legal) e incluyendo a las mujeres, que hace décadas han alcanzado la plena capacidad civil, en el grupo de las personas incapaces.
“Es un poco duro este tema”, ha dicho Jarsún, pero con un poco de pentotal sódico entre todos lo podremos ablandar.