El concejal Abel Moya, electo por el llamado Partido de la Victoria, ha dejado ayer muy claro hasta qué punto ha calado la estrategia de despolitización de la vida pública en la que están embarcados el Gobernador de la Provincia, Juan Urtubey, y el Intendente de Salta, Miguel Isa. Ambos, convencidos de que deben gobernar para los 'vecinos' y no para los 'ciudadanos', a fuerza de insistir, están logrando que la política desaparezca poco a poco de la escena y que deje de servir para lo que servía.
Moya ha dicho ayer ante los micrófonos de una emisora de radio de la ciudad de Salta que la política no va con él, que no es lo suyo, que no tiene postura política tomada, y que él es 'vecinalista'.
Aunque Moya, por comprensibles y muy respetables razones, no definió en qué consiste exactamente esta categoría en la que se ha autoincluido, es obligado pensar que se trata de una reacción antipolítica, que se ajusta como un guante a la mano a la estrategia desplegada por Isa y Urtubey.
Electo en las listas de un partido político, por mecanismos políticos y sujeto a un estatuto político, Moya no de dedicará a la sucia, ajetreada, lenta, eogísta y disgregadora política, sino al noble y más puro 'vecinalismo', que consiste no en otra cosa que «trabajar en la problemática de cada barrio».
El concejal Moya es la primera voz que se levanta para dar a conocer a la muchedumbre que desde las más altas instituciones del Estado se está llevando a cabo un ataque directo y despiadado hacia la política, en nombre de la democracia, pero con claras connotaciones autoritarias.