La convocatoria al diálogo político lanzada, relanzada y vuelta a lanzar con gran aparato mediático por el Intendente de Salta no ha tenido esta vez el eco esperado. El intento de avanzar hacia un "Pacto por Salta" ha tropezado ahora con la inesperada ausencia en la mesa de diálogo de los concejales del Partido Obrero y del Frente Salteño, que dejaron al intendente Isa solo arropado por los concejales de su partido y los que, perteneciendo a otros, apoyan abiertamente su gestión.
Al encuentro acudieron los concejales Ángela Di Bez, Abel Moya, Fernando Echazú, Frida Fonseca, Gastón Galíndez, Tomás Rodríguez, Mario Moreno, Eliana Chuchuy y Romina Arroyo. El resto de los concejales -12 en total- dejaron al Intendente con dos palmos de narices.
La reacción del isismo a este desaire no se ha hecho esperar, pues, al finalizar la reunión, los dardos más envenenados apuntaron hacia las sillas vacías.
«Pese a la importancia de la conformación de las políticas de estado para la ciudad, el Partido Obrero y el Frente Salteño se negaron a participar del diálogo», dice -quejosa- la comunicación oficial de la Municipalidad.
La presidenta del Concejo Deliberante, señora Angelita Corona de Di Bez, calificó en duros términos la ausencia de sus pares obreristas y romeristas: «Es un sin sentido no asistir a la reunión. Entiendo que es necesario generar un trabajo sinérgico entre el cuerpo Ejecutivo, Legislativo y la Provincia. Cuando se suma siempre se va a gobernar mejor», ha dicho la siempre enérgica y ahora sinérgica Angelita.
Sin salirse del guión, el Intendente repitió la cantinela a las que nos tiene acostumbrados desde que las urnas dejaron medio destartalada su estructura de poder. Isa volvió a caer en el error de decir que se debe «escuchar el mandato de los vecinos», cuando su mandato y el de los concejales que lo rodean no proviene de «los vecinos» sino de los ciudadanos de Salta.
Si bien la ausencia de los concejales opositores ha sido muy mal valorada por los más próximos al Intendente, y por él mismo, lo cierto es que el desaire solo puede tener una explicación: que el Partido Obrero y el Frente Salteño ven en el intento del Intendente de lograr un pacto de estado que legitime sus políticas un gesto personalista, vacío de contenido y orientado más a parchar apresuradamente los agujeros que dejó la pasada contienda electoral que a mejorar la gestión de los asuntos municipales.