La interminable figura del apuesto Vicegobernador de Salta se erigió el pasado fin de semana cual álamo en el desierto en la multitudinaria soledad de las calles peatonales del centro de la ciudad de Salta. Acostumbrado a procesionar por terrenos agrestes como el camino de la peregrinación al santuario de la Virgen de la Peña en Yariguarenda, Zottos se desenvolvió con la agilidad de un delfín sobre el compacto pavimento peatonal, esquivando lustras, perros callejeros, cajones de basura, tocadores de quena y vendedores ambulantes.
Fueron las mujeres las más atraídas por la presencia de Zottos, que para la ocasión lucía algunas prendas top de la industria nacional. Chupa de cuero negro impecable, camisa sport a finísimas rayas rojas, y vaquero black denim con cinturón haciendo juego.
Todo ello combinado con ese soberbio gorro de lata que le acompaña naturalmente y que con la llegada de la madurez le da un aspecto de seriedad que, si bien luego se desvanece en la distancia corta, en las peatonales lo hacen parecer un augusto general cartaginés.
Por toda compañía, Zottos eligió a la candidata Kitty Gallo, prescindiendo de ese otro adonis de los valles subandinos que es el doctor Oscar Rocha Alfaro, que tal vez podría hacerle alguna sombra entre el criollaje femenino.
«Los salteños necesitan en el Congreso a legisladores que estén comprometidos con los intereses de la Provincia y no de personas», le dijo Zottos a una vecina de Villa Primavera que acababa de comprar un par de bolsas de pochoclo para consumir en el colectivo que le llevaría de vuelta a casa.
Otra mujer, más joven, vestida rigurosamente de negro con ropas apretadas, se emocionó hasta las lágrimas cuando Zottos le susurró al oído que los candidatos del «PRS apoyarán lo que resulte beneficioso al interés de los salteños y se opondrán a lo que no sea justo».
«Es mi héroe», repetían entusiasmadas dos azafatas que promocionaban un sitio de comidas cercano a la avenida San Martín.
«Cuando hablamos de inclusión para todos expresamos una idea global que no se limita solamente a planes sociales y bolsones, sino que vamos por más, porque inclusión es gestionar más inversión pública y privada, que a su vez genere trabajo; educación con más calidad, con escuelas de jornada completa, capacitación en oficios y acceso a educación universitaria, necesitamos la facultad de medicina en Salta; mejor salud con profesionales en todos los hospitales», afirmó.
Pero no todo fueron flores. Un hombre que transportaba pesadas bolsas de supermercado apuró al candidato exigiéndole que definiera, allí mismo, a pie de jardinera, en qué consistía la inclusión. Ágil de reflejos y filoso de lengua, Zottos dijo: Inclusión es que todos puedan tener una campera de cuero negro como esta y que no le cueste tantas canas como a mí.
La respuesta suscitó el espontáneo aplauso de unas peluqueras que habían salido a la calle con sus clientas, muchas de ellas con la mitad de sus cabezas metidas en los secadores de pelo.