'Tenía ganas de hacerlo recagar, pero me contuve', dice Zottos tras ser atacado en la calle

El Vicegobernador de Salta es todo un ejemplo de autocontrol cívico. No obstante ser zarandeado y golpeado ayer por un grupo de activistas políticos callejeros a los que se les había encomendado 'desde la superioridad' eliminar sus carteles de publicidad electoral, el vicegobernador Andrés Zottos (un hombre alto, fornido y en buen estado atlético) reaccionó como debe reaccionar una autoridad frente a la ofensa física; esto es, llamando a las fuerzas del orden.

"Mirá, tenía unas ganas de hacerlo recagar, pero me contuve. Lo agarré de las mechas y lo detuve", explicó el Vicegobernador en forma de verso pareado a un azorado interlocutor, haciendo gala de un buen uso del pretérito perfecto simple que tanto le cuesta emplear a los salteños. Basta recordar aquella vieja frase del salteño aporteñado que decía: "Anduve hasta que me cansuve por la Capital Federal".

Según informan hoy diferentes medios de prensa, mientras el Vicegobernador "apatrullaba" la ciudad en compañía del senador nacional Juan Agustín Pérez Alsina, sorprendió a un grupo de «muchachones»  descolgando sus afiches electorales. Al increparlos, Zottos recibió por toda respuesta un puñetazo de parte de un "mechudo" que no salió bien parado del envite, pues, tras ser asido de la cabellera por el vicemandatario (al mejor estilo Mannix), quedó neutralizado y detenido junto al rincón de la acera, a la espera de ser trasladado a Comisaría. En círculos próximos a Zottos se ha sabido que el mechudo será acusado de magnicidio en grado de tentativa, en concurso ideal con mal aliento.

Zottos -que en ese momento no ejercía sus funciones de Vicegobernador sino la de celoso candidato- esgrimió su autoridad para llamar a la policía. Y aunque exigió a los gritos que se presentaran en el lugar el jefe Lami y el ministro Sylvester -que nunca aparecieron- el espigado Vice salteño acertó a solucionar el entredicho negociando con unos policías de baja graduación. Los efectivos -a pesar del clima hostil generado por el gobierno contra la candidatura del Vicegobernador- inclinaron la testuz ante su alta y canosa investidura.

La ausencia de los dos funcionarios máximos responsables de la seguridad en Salta -un desaire mayúsculo- indignó a Zottos, quien inmediatamente prometió que "armaría quilombo" y que haría llegar su quilombera indignación hasta las últimas consecuencias.

De resultas del incidente, Zottos guarda ahora en su memoria emocional el recuerdo de una piña mal dada (el golpe apenas rozó su plateada sien izquierda) y en la memoria flash de su smartphone la confesión lloriscosa de unos de los muchachones reconociendo haber sido mandado a descolgar carteles del Partido Renovador por un tal comisario Aramayo, un ignoto policía del Grand Bourg cuya destitución aparece como inminente.

"Yo soy el segundo, soy el segundo...", repetía insistentemente el Vicegobernador, hasta que unos de los reporteros gráficos presentes deslizó en voz baja "el Segundo Sombra, será", haciendo un juego de palabras entre el lugar que ocupa Zottos en el entramado institucional de la Provincia y su larga sombra escandinava sobre el invernal pavimento salteño..

"¡Lean la Constitución!", exhortó Zottos de viva voz a los presentes, aunque bien le cabría aplicarse el cuento, porque entre sus nerviosas manifestaciones el mandatario agredido deslizó a los policías que él, como Vicegobernador, es el "segundo jefe" de los uniformados, algo que desde luego no aparece en la Constitución ni en ninguna de las leyes dictadas en su consecuencia.