En 2003, un fotógrafo llamado Kenneth Adelman fue demandado por la actriz y cantante Barbra Streisand, quien le exigió una indemnización de 50.000.000 de dólares por haber tomado y publicado en el sitio Pictopia.com unas fotografías aéreas de una de las fastuosas residencias de la artista, ubicada en Malibu, California. Streisand, que había alegado violación de su derecho a la privacidad y que pretendía que las fotos fuesen eliminadas de Internet, no solo perdió el juicio sino que vio cómo su demanda multiplicó por un millón la difusión de las fotografías de su casa a través de la red.
Salvo por el pequeño detalle de los 50 millones, algunos Oscars, y por el pelo ligeramente más rubio de la Streisand, el parecido con el ministro salteño Carlos Roberto Teófido Parodi es asombroso. Más aún si se tiene en cuenta que -según refieren los íntimos- el pelilargo ministro de Urtubey, cuando está en la intimidad, entona «People» con un arte descomunal.
Ahora, para no ser menos, el ministro ha dejado que los fotógrafos aéreos de la prensa indiscreta tomen imágenes de sus múltiples propiedades y le permitan así al gran público conocer los cuidados detalles arquitectónicos de su enorme mansión de Valle Escondido, en donde, por lo que se puede ver, el funcionario no se priva de nada.
No hay mar ni costas erosionadas cerca de los cerros que «esconden» el valle de la vista de los ciudadanos más pobres y más curiosos; pero para el que maneja aquellas aeronaves -posea o no posea hangares en terrenos públicos- nada permanece oculto, por más escondido que esté el valle en que se encuentre.
Lamentablemente, las aeronaves ya no pueden sobrevolar, como lo hacían antaño, los protocolos de la Escribanía de Gobierno, de modo que lo que todavía permanece escondido y bien escondido son las declaraciones juradas patrimoniales del señor Parodi, que aún siguen siendo inaccesibles por vía aérea, marítima y peatonal.
Al menos, la Streisand «canta».