Urtubey señala a Romero como cómplice del narcotráfico

Juan Manuel Urtubey, exfuncionario de los gobiernos romeristas y puntual asistente a los actos dedicados a ensalzar la figura de Roberto Romero, ha perdido los papeles.

Acorralado, Urtubey no ha podido reprimir su peor vena polémica y le ha dedicado al actual senador nacional y propietario del diario El Tribuno una frase cargada de rencor: «Juan Carlos Romero, no perdona que en Salta se combata el narcotráfico».

A renglón seguido el mandatario salteño ha añadido que su antecesor en el cargo «no le perdona»  que en Salta la justicia investigue los ilícitos que él cometió cuando fue gobernador.

Nada de lo que ha dicho Urtubey es nuevo, ni tampoco hay demasiados elementos que permitan dudar de la veracidad de lo que afirma, si bien la leyenda popular que vincula a Romero con el narcotráfico es tan antigua que Urtubey no pudo desconocerla cuando fue romerista y sirvió obedientemente para su gobierno. O Urtubey es un gobernador muy poco informado que recién se desayuna con algunas novedades o, al contrario, sabe más de lo que sabe el común de la gente. Si ocurriese esto último, no le queda más remedio que hablar y de hacerlo de forma muy detallada y convincente.

Sin embargo, ni Urtubey ni sus fiscales más dóciles han promovido contra quien gobernó Salta durante 12 años ningún procedimiento relacionado con los presuntos vínculos de Romero o sus allegados con el narcotráfico. Urtubey no solo ha guardado silencio sobre este asunto durante los 12 años de gobierno romerista, sino en los casi 6 que él lleva gobernando Salta. Le ha llegado, pues, la hora de hablar.

Si en las próximas 48 horas Urtubey no promueve una denuncia penal o aporta detalles muy concretos y certeros sobre los vínculos de Romero con el narcotráfico, sobre su complicidad o su tolerancia; si el Gobernador de Salta no le cuenta a la ciudadanía salteña lo que sabe del asunto -más allá de cualquier leyenda urbana- deberá rectificar y dimitir de su cargo.

La acusación, aunque formulada de forma sibilina, es demasiado grave como para que se quede en un simple intercambio de coces entre burros encabritados. Porque si lo que Urtubey quería era simplemente zaherir y mortificar a Romero, podría haber escogido entre decenas de asuntos menos espinosos y delicados que los lazos con el narcotráfico de un senador de la Nación.

Ahora el Gobernador se encuentra metido en un auténtico embrollo, porque no solo deberá dar todas las explicaciones y decirle al mundo lo que sabe acerca de este tema, sino también porque, de permanecer en su cargo, deberá demostrar a todos los salteños que en materia de lucha contra el tráfico de drogas su gobierno lo está haciendo mucho mejor que el de Romero.

Y hoy por hoy Urtubey lo tiene muy difícil para demostrarlo.