Nuestra clase política se caracteriza por una paradoja, entre muchas. Sus integrantes son incapaces de dialogar, de entenderse, de llegar a acuerdos, pero al mismo tiempo se comunican abundantemente, a poder ser por vía telefónica. Parece que nuestros políticos han nacido ya con un teléfono colgando de sus orejas, a juzgar por la pasión que demuestran por fotografiarse mientras entablan comunicación telefónica con sus semejantes.
Los científicos han identificado el llamado síndrome del político importante, uno de cuyos signos más visibles e invariables es la fidelidad celular o, mejor dicho, su abuso. Algunos, que están silenciosamente enganchados a las altas frecuencias, a veces superan su ataque de ansiedad con solamente marcar un número y hablar con un contestador automático.
Los políticos que muestra la fotografía padecen esta angustiante patología pero no son capaces de darse cuenta del ridículo profundo que hacen al presentarse ante los ciudadanos como importantes personajes por el solo hecho de efectuar (o recibir) misteriosas llamadas.
Si el contenido de estas comunicaciones saliera a la luz, seguramente nos desilusionaríamos mucho al saber que nuestros políticos no discuten sofisticadas cuestiones presupuestarias, estrategias para combatir la pobreza o soluciones para la inseguridad, el desempleo y la injusticia.
Al contrario, una gran mayoría echa mano del aparato para encargar pizzas, empanadas, bolsitas de coca y bica, reservar mesas en los restaurantes, con la misma frialdad y el mismo desparpajo con que trafican influencias y deciden sobre la vida y hacienda de las personas que no ejercen el poder.
Los interesados deberían hacerse ver este asunto por alguien que entienda, porque no es del todo sano que los políticos dediquen buena parte de su vida y de sus energías al teléfono.
Si, a pesar de las evidencias, ellos insisten en que debe ser así, ha llegado la hora de reemplazar los retratos de Perón que cuelgan de las paredes de las oficinas públicas por la fotografía de don Alexander Graham Bell, el verdadero fundador de ese movimiento nacional y popular al que toda esta gente pertenece.
Agradecemos la desinteresada participación de los señores Juan Manuel Urtubey Mera, Guillermo Posadas, Matías Assennato, José Antonio Vilariño, Roberto Dib Ashur, Santiago Manuel Godoy, Aroldo Jesús Tonini, Mashur Lapad (¿iPad?), Julio César Loutaif, Miguel Andrés Kostas Zottos, Pablo Francisco Kosiner, Bernardo Biella Calvet, Amanda María Frida Fonseca Lardies, Tomás Salvador Rodríguez, Rodolfo Julio Urtubey Mera, Gustavo Aldolfo Ruberto-Sáenz Stiro, Matías José Posadas, Carlos Federico Posadas, Rubén Fortuny y Miguel Ángel Isa.
Los patrocinadores, Claro Argentina, Personal y Movistar agradecen a la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados de la Provincia la dotación de la generosa partida que permite soportar las facturas que generan las llamadas de nuestras estrellas.