El ciberactivismo de Salta pierde a una de sus lenguas más afiladas

Gisella MorenoEl mundo superficial de los 140 caracteres ha comenzado a extrañar a una de las más viscerales tuiteras progubernamentales.

La Jueza Municipal de Faltas de Salta, Gisella Ivana Moreno, otrora abanderada de los linchamientos mediáticos colectivos y puntual propaladora de consignas «militantes»  a favor de los gobierno de Kirchner y Urtubey, ha entrado en un sorpresivo cono de recato tuitero.

La que, hasta hace poco, amenizaba el «timeline»  de propios y extraños con diatribas cargadas de intolerancia facciosa, ocupa hoy su valioso tiempo en sentenciar expedientes de multas por mal estacionamiento, cacas de perro y sanciones varias a carros fruteros.

Atrás han quedado los tiempos en que la parapentista de origen rosarino aquerenciada en Salta ocupaba buena parte de su jornada de trabajo como jueza municipal en acalorados cruces dialécticos con opositores al gobierno, violando la tradicional neutralidad política de los magistrados del Estado.

Sus polémicos tuits -cuya fecha y hora son perfectamente rastreables- solían coincidir con el momento de realización de determinadas diligencias procesales, como las inspecciones oculares en las «boutiques»  del centro de la ciudad, una actividad que, como es sabido, le costó más de un disgusto.

Según sus críticos, la jueza Moreno comenzó a rebajar sus humos cuando la propia herramienta que utilizaba para despuntar su militancia se le volvió en contra y recibió en Twitter una sucesión de cortos a la mandíbula que la dejaron virtualmente fuera de combate. Sucedió tras la denuncia de maltrato y coacciones interpuesta por un policía de tránsito, a quien presuntamente la explosiva funcionaria «chapeó»  para eludir una boleta por mal estacionamiento durante las fiestas del Milagro.

Otros, en cambio, sostienen que Moreno abandonó súbitamente el mundo de las consignas militantes cuando tomó estado público su distanciamiento sentimental con un joven y apuesto funcionario del gobierno, sorprendido con su barca fondeada en otras playas.

Cualquiera sea la causa, lo cierto es que la jueza de faltas hoy está dedicada en cuerpo y espíritu a su trabajo, que es lo que esperan de ella los ciudadanos y contribuyentes de la ciudad de Salta, que son los que pagan su generoso sueldo. Sus tuits son ahora un canto a la ingenuidad y abundan en ellos reflexiones casi poéticas sobre la vida, el amor, la fe religiosa, las sonrisas o el optimismo.





El nuevo perfil tuitero de la jueza deja entrever sin embargo que la que fuera la reina del improperio cibernético se ha impuesto una suerte de autocensura, como lo demuestra el siguiente tuit.


La que, en la cúspide de la soberbia, juzgaba la valía de sus contradictores por la cantidad de followers  que estos atesoraban, hoy parece un ánima errante en el proceloso mar de las redes sociales.