El mismo amor, la misma lluvia: de la poesía al hemo-nepotismo

La misma sangre truchaEl lema de la campaña que acaba de estrenar Rodolfo Urtubey hijo va camino de señalar un hito en la historia del ridículo político. Más que de un gabinete de marketing, el eslogan «la misma sangre, la misma lucha»  parece salido de la imaginación de Bram Stoker, el novelista irlandés que dio vida ficcional al vampiro conde Drácula.

La poco afortunada elección de la muletilla de campaña (ayer convertida en #horrortag de Twitter) dará seguramente la razón a aquellos que piensan que el flamante candidato a senador se parece más bien al «Moderno Prometeo»  de la novela gótica de Mary Shelley; o, peor aún, a «Milton The Monster», aquel personaje de los dibujos animados que lanzaba humo por la parte superior de su cabeza hueca.

Pero dejando de lado el aspecto algo desemblantado del candidato, lo que resulta particularmente infeliz son las metáforas de la sangre y la lucha, que en política evocan sin dudas lo peor de dos mundos.

El primero, el mundo del linaje o del parentesco como credenciales de acceso al poder; esto es, la postergación de las virtudes políticas y del mérito cívico en beneficio de valores como la lealtad y la alianza.

El segundo, el mundo de la violencia, situado en los antípodas de la política. La sangre, como último símbolo de la entrega, unida a la lucha, representa la figura de alguien que para alcanzar lo que se propone no está dispuesto a dar cuartel a sus enemigos y que avanza sin perdonar vidas ni haciendas, talándolo o destruyéndolo todo.

Alguien que, en definitiva, en nombre de la lealtad al apellido promete, llegado el caso, una orgía de lucha, un baño de sangre.

No parece que el buenazo del Monstruo Milton sea capaz de llegar a tanto, porque sus antecedentes no lo dibujan como un gran luchador, sino más bien como todo lo contrario.

Las señales en el horizonte indican que el sangriento y agonal candidato no goza de las preferencias de los ciudadanos y que estos están dispuestos a cortarle el suministro de plasma en cuanto haya oportunidad para ello.

A partir de ayer, fecha del debut del eslogan de campaña más desafortunado y provinciano que recuerden los salteños, estos tendrán un motivo más para reprobar a quienes entienden y practican el poder, más que como un servicio al prójimo, como una «cuestión de sangre».