Julio César Loutaif o el rechazo de los dictadores por la política

Ministro Julio César LoutaifLa lectura de las recientes declaraciones del Ministro de Gobierno de Salta en las que califica como "cuestión netamente política" la oposición al voto electrónico me ha traído a la memoria algunas de las frases más esperpénticas que utilizaron los dictadores de la Tierra para justificar su poder y aniquilar la libertad de los hombres.

Al Generalísimo Franco se le suele atribuir la clásica frase "Haga como yo, no se meta en política", dirigida probablemente a algún ministro suyo, preocupado por el efecto que sobre su carrera tendrían las rencillas con otros colegas suyos.

António de Oliveira Salazar, el dictador portugués, dijo alguna vez que "detestaba la política desde lo más hondo del corazón". Para Salazar, la política eran "todas esas cosas ruidosas e incoherentes, las demandas imposibles, el batiburrillo de ideas infundadas y planes poco prácticos..., el oportunismo al que no le importan la verdad ni la justicia, la vergonzosa búsqueda de la gloria inmerecida, las incontrolables pasiones desatadas, la explotación de los instintos más bajos, la distorsión de los hechos..., toda esa febril y estéril agitación".

La historia contemporánea está llena de ejemplos de individuos, como el señor Loutaif, que aspiran o ejercen el poder sin dejar de sentir un rechazo visceral por la política y por todo lo que huela a ella.

Cuando el General De Gaulle se aprestaba a fundar la Vª República, no faltó quien abrigara la esperanza de que el héroe nacional librara a la nación francesa de los políticos. Tres años más tarde, durante el levantamiento del ejército en Argelia, el mismo general fue acusado por los fascistas opuestos a la independencia de buscar "una solución puramente política" al problema argelino, al mismo tiempo que los generales rebeldes negaban cualquier tipo de "ambición política".

Por la misma época, Fidel Castro declaraba a unos periodistas: "No somos políticos. Hicimos la revolución para echar a los políticos. Somos socialistas. Nuestra revolución es una revolución social".

Como ellos, el señor Loutaif percibe a la política como una actividad digna de escaso respeto. Para él, la política es el arte de gobernar a la humanidad mediante el engaño, como alguna vez escribió Disraeli; de modo que "política" es la intolerante y perversa oposición al voto electrónico que él pretende implantar, así como "personas de poco fiar" son las que, en vez de aplaudirlo, desconfían de esta iniciativa y sospechan que detrás de ella se esconde el fantasma de la perpetuación en el poder.

Como Franco, Salazar, Castro o la extrema derecha francoargelina, Loutaif ha dedicado frases tan esperpénticas como descalificadoras a la política: “Yo no salgo de mi asombro por la metodología empleada [por los opositores al voto electrónico en Salta], un año y medio antes de las elecciones”.

De nada valdría recordar que esa perversa e inoportuna "metodología" empleada por los opositores no consistió en otra cosa que en la publicación de un escrito en los diarios para poner de manifiesto sus argumentos de oposición. Poca cosa más que expresar sus disensos y quejarse en voz alta pueden hacer los políticos de Salta que no siguen sin rechistar la estela de su ilustre gobierno, para que encima venga el ministro "político" (extraordinaria paradoja) del gabinete provincial a manifestarse asombrado de que alguien -que no sea él- se dedique al infame arte de la política.

Un ministro que confunde un gesto político (acertado o no) con una conspiración; un funcionario que considera que sus iniciativas están investidas de una pureza primitiva y que, por tanto, están blindadas a la opinión de los ciudadanos, no solo es un mal ministro: es un auténtico peligro para las instituciones que tutelan nuestra libertad.