Urtu-bis: Del nepotismo a la meritocracia, pasando por el darwinismo social

Rodolfo Julio Urtubey MeraEl Gobernador de Salta ha salido a defender, con la virilidad que lo caracteriza, que la designación de su hermano mayor al frente de una hasta ayer inexistente, pero hoy enjundiosa, área del Estado, no responde a criterios nepotistas tradicionales.

Sin dudas, los argumentos empleados por el mandatario han sido esta vez más elaborados que cuando le tocó salir a justificar la designación de su propia esposa como interventora de una comuna de los Valles Calchaquíes y la de otro hermano suyo como director de la Agencia de Promoción de la Provincia de Salta.

No se puede decir entonces que el señor Urtubey no esté preparado para enfrentar una catarata de críticas de nepotismo. Experiencia, sin dudas, no le falta, como tampoco le faltan reflejos para ensayar una media verónica frente al embate de los que, embravecidos, le recuerdan que en 2007 prometió que no iba a nombrar a ningún miembro de su familia en cargos públicos.

El Gobernador, como Groucho Marx, siempre tiene a disposición "otros principios", en caso de que los primeros no gusten a sus invitados o no surtan los resultados esperados.

De modo que nadie puede reprocharle ahora que designe a parientes suyos para manejar ingentes cantidades de dinero, violentando su promesa, cuando nadie antes salió a pedirle cuentas de otras promesas incumplidas como la de no designar en su gobierno a nadie que hubiera servido al Gobernador anterior, la de convertirse en adalid de la libertad o la de no habitar la fastuosa residencia de Finca Las Costas.

El "otro" Urtubey defiende su mérito, su capacidad y su larga trayectoria al servicio del Estado, con la misma virilidad que su hermano (se ve que este es un rasgo familiar) y niega las acusaciones de nepotismo.

Sin embargo, sus argumentos solo parecen dibujar a la salteña como un tipo de sociedad en donde la riqueza, los ingresos y la clase social a que se pertenezca se definen en una competencia, electoral o de cualquier otro tipo, en la que se da por hecho que los vencedores merecen tales ventajas.

Es el mérito -no es el esfuerzo ni la capacidad- el que aupado a Urtu-bis a sus altas responsabilidades dentro del Estado, de modo que no cabe sino pensar que, así como no hay ni la más mínima sombra de nepotismo en su designación, lo que hay es una profesión de fe -gubernamental y familiar- en torno al darwinismo social; es decir, una reinterpretación profunda de las claves de una sociedad agresivamente competitiva, con grandes diferencias de ingresos y riqueza, que se aleja cada día un poquito más del ideal democrático de una sociedad igualitaria.