En determinados contextos políticos bien conocidos, el arte deja de ser una manifestación libre del espíritu para convertirse en un símbolo de la victoria de los dictadores. Así por lo menos lo entendía el viejo Nikita Khrushchev cuando pronunció aquel famoso discurso ante el Vigésimo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, el 25 de febrero de 1956, en el que denunció el enorme daño provocado al socialismo por el culto a la personalidad de Stalin.
Lo que en su día Khrushchev no pudo negar es que la adoración y adulación de un caudillo vivo tiene una base teórica nada desdeñable, pues parte de una concepción idealista de la historia, según la cual el curso de ésta no está determinado por la acción de las masas del pueblo sino por los deseos y la voluntad de los 'grandes hombres', cuya personalidad adquiere así un valor absoluto.
Qué duda cabe de que esta influencia teórica está detrás del diseño de la nueva web del Ministerio de Seguridad del gobierno provincial de Salta.
En ella se puede ver la augusta efigie del Padre de la Patria -que no es otro que don Juan Manuel Urtubey- envuelto sutilmente en la bandera nacional, con cuyos pliegues parece confundirse, como si fuera el mismo sol o un atributo inseparable de la enseña nacional.
Si bien la belleza de la imagen es conmovedoramente belgraniana y podría servir para adornar el estandarte de algún fortín de gauchos de la polvorienta zona de Río Piedras, cualquiera que la vea en otro contexto, que no sea el gauchesco, podría llegar a pensar que el Ministerio de Seguridad -una institución prevista en las leyes- es de propiedad del Gobernador o que solo existe por su obra y gracia, tal como Apple existe gracias a Steve Jobs.
Por más que resulte obvio, es necesario recordarle a los salteños que la web del Ministerio de Seguridad no es la web personal del señor Juan Manuel Urtubey, aunque alguien haya puesto todo su empeño en que así lo parezca.
Y recordarles también que la bandera nacional no es un símbolo que se preste alegremente a las operaciones de imagen personal de un líder en apuros, ni que deba ser usada en la identificación visual de un gobierno de provincia.
Es evidente que los cientos de miles de salteños que malviven amenazados en su integridad física y en sus bienes a causa de los crecientes niveles de criminalidad no se sentirán ni más seguros ni protegidos por que el Gobernador «encabece» la página web del Ministerio encargado de luchar contra los delincuentes. Es más, muchos se sentirán todavía más amenazados e inseguros.
Pero tan preocupante como esto es el hecho de que el culto a la personalidad y la emergencia de una personalidad autocrática no es un accidente fortuito de la historia sino, por lo general, una actuación ideológica deliberamente pensada y ejecutada para reforzar la posición política del líder.
En los regímenes políticos democráticos, la deriva hacia el culto a la personalidad del líder y la aparición de un gobierno personalista ponen de manifiesto que las instituciones del Estado de Derecho son ya incapaces de ejercer el contrapeso necesario para evitar la concentración del poder, así como la fractura de la independencia y el equilibrio entre los poderes públicos.
Si, como es de suponer, el gobernador Urtubey coincide con Khrushchev en cuanto al carácter dañino del culto a la personalidad para la «democracia socialista», debería ordenar ya mismo el retiro de su foto con la bandera y de su «frase célebre» de la nueva página del Ministerio de Seguridad de Salta, porque ellas, en la medida en que solo han sido pensadas para instalar su imagen «presidenciable» a nivel nacional, ofenden a los ciudadanos y rebajan la seriedad de una institución que necesita, ahora más que nunca, de todo su prestigio.