Después de estrenarse con discreto éxito como conductor de un programa de radio, el senador Juan Carlos Romero ha aprovechado la celebración del llamado Día de la Lealtad peronista para poner a prueba sus dotes de comediante «stand-up». Durante un acto celebrado en el polivalente y pluralista Centro Argentino, para el que vale tanto un roto como un descosido, el actual senador nacional y candidato a repetir en el cargo por enésima vez, ha provocado la hilaridad de algunos de los asistentes al instar a la concurrencia "a recobrar la mejor tradición peronista salteña".
Se trataba en realidad de un mensaje envenenado para Urtubey, a quien Romero no considera peronista, ni tradicional, ni mejor, ni salteño, ni nada.
Para el exgobernador, que de resultar electo habrá logrado batir todas las marcas de permanencia en el Senado nacional con 24 años de disfrute del escaño, sólo él encarna y representa la nunca bien ponderada «mejor tradición peronista salteña».
El legislador dijo «sentir vergüenza», como peronista, al ver el estado de los hospitales de Salta y pidió (al gobierno provincial) que no se mienta más.
En otro pasaje de su alocución, Romero tomó prestada letra al vicegobernador Zottos, quien a principios de semana calificó al gobierno de Urtubey de «autoritario» y «sumiso al poder central».
Con palabras muy parecidas, Romero se refirió a la tambaleante administración de su sucesor, de la que dijo que conforma "un gobierno autoritario y prepotente, que sin embargo se convierte en empleado dócil cuando se enfrenta al poder nacional".
“Son guapos amenazando a nuestros dirigentes y cobardes cuando tienen que defender a Salta”, ha dicho Romero sin apenas ruborizarse. El senador se abstuvo sin embargo de valorar el estado de los hospitales y de la educación durante sus 12 años de gobierno, así como de hacer un balance de la política de persecución sistemática de disidentes que él ejecutó con inusual frialdad desde la más alta magistratura del Estado salteño.