Una cara de 'voto electrónico'

El ministro Julio César Loutaif, de profesión lobbysta, ha dejado por un rato las umbrías humedades de los despachos para procesionar en la feraz y soleada Rosario de la Frontera, junto a la Virgen del Rosario y a la menos agraciada -en virtudes, por lo menos- Intendente local, señora Rómula Gómez de Montero.

En el luminoso gesto de felicidad del señor Loutaif -retratado ayer en la ciudad termal- se refleja todo el sentimiento del gobierno provincial respecto al catastrófico desempeño del voto electrónico en la jornada de su estreno oficial.

La debacle, que se veía venir, no fue advertida, entre otros, por el propio ministro Loutaif, que fue el que se encargó de la parte dura de la propaganda oficial en torno a las bondades -inmaculadamente democráticas- de un sistema que funcionó a la perfección mientras la gente se dedicó a jugar con él pero que terminó sumiendo en la perplejidad y en la frustración a cientos de miles de salteños cuando fue puesto a funcionar de verdad.

Ahora el ministro baraja la posibilidad de reorientar la rentable actividad del lobby de Estado (un lobby al revés, en todo sentido) hacia otros productos y otros modelos de negocio, de menos riesgo y, sobre todo, con mayor aceptación popular que la reputada y reputeada boleta única electrónica.

Mientras, las procesiones ayudan al funcionario no solo a blanquear un poco la conciencia (que ya es difícil) sino también a mascullar, con los carrillos endurecidos como piedra y las facciones desfiguradas por la amargura, esa indigesta chancaca en que se ha convertido para el gobierno y sus merchandisers el famoso asunto de las maquinitas de votar.