Gonzalo Quilodrán patinará otra vez sobre hielo muy fino

El veredicto de las elecciones primarias obligatorias celebradas ayer en Salta no ha sido demasiado generoso con el joven dirigente Gonzalo Quilodrán, que aspira nuevamente a ocupar un escaño en la Cámara de Diputados de la Provincia.

Quilodrán ya lo intentó en las elecciones celebradas el domingo 10 de abril de 2011, en las que ocupó el cuarto lugar en la lista de diputados del Partido Justicialista de Salta. En aquella ocasión se pusieron en juego 9 escaños y el PJ solo logró colocar a los primeros tres de la lista (Guido Giacosa, Lucas Godoy y Francisca Jiménez). Quilodrán quedó así a unos pocos votos de su tan ansiada acta de diputado provincial.

Las elecciones de ayer volvieron a colocar a Quilodrán en la lista de diputados provinciales del PJ por la capital, pero esta vez en el 5º lugar.

Si bien es cierto que en las próximas elecciones serán 10 y no 9 los escaños en disputa en el Departamento Capital, el imparable ascenso del Partido Obrero en este distrito, hace que el sueño de Quilodrán de llevar su toda su sapiencia a los cenáculos legislativos se vea, otra vez, un tanto lejano.

No todo está cerrado, sin embargo, para el empeñoso candidato. Una buena elección del Partido Justicialista, unida a un descalabro del crepuscular sector romerista, lo sentaría de una buena vez en la Cámara.

Los obstáculos en el camino de Quilodrán no han sido colocados por sus adversarios, sino, paradójicamente, por sus propios compañeros de lista.

Serán los incombustibles Santiago Manuel Godoy y Eduardo Abel Ramos -veteranos dirigentes, inasequibles al desaliento, aunque con su imagen lastrada por sospechas bastante consistentes de nepotismo y corrupción- los que encabezarán la lista de Quilodrán.

El joven politólogo de origen trasandino ha mantenido sonadas polémicas con Godoy, cuyo alejamiento definitivo de la política ha solicitado en más de una ocasión.

Se da por descontado que la campaña de Godoy -y ni hablar la de Ramos- será diseñada para asegurarse los votos suficientes como para que Quilodrán vuelva a mirar las sesiones de la Cámara de Diputados por TV.